Una de esas películas que llevan al espectador benévolo a glosar las bondades de la ambientación, la fotografía y el vestuario a la salida de la proyección.
Modestas ambiciones. Newell parece haber elegido un enfoque más tradicional en comparación con Alfonso Cuarón, sin embargo, su resultado carece de la singularidad necesaria, lo que lo convierte en una experiencia más fácil de olvidar.
No es una buena película, pero su anomalía es relevante. Es un 'Inland empire' contado a las marujas, un cóctel de convención y experimento que indaga en los temores y fobias de la mujer encapsulada en el edén de la clase media acomodada.
El prólogo presenta una gran expectativa, sin embargo, la película se mueve entre una estética extravagante y una exageración que se sostiene en los temas del miedo y la voluntad.
Un epílogo sugiere que este podría ser el inicio de una saga en línea con el inusual tríptico superheroico de Shyamalan. Sin embargo, lo más destacado es la firmeza con la que Yarovesky desarrolla su premisa.
Famélica ficción. La introspectiva protagonista de 'Los juegos del hambre' navega por la historia como si fuera un personaje de un videojuego monótono. La dirección se siente notablemente torpe.
Pesadilla egomaníaca y paranoica sobre la psicopatología de la fama. Es el 'Ocho y medio' de Kitano, así como su 'Mulholland Drive'. Un ejercicio de autoinmolación de alguien que ha perdido la estima por sí mismo, pero no logra zafarse de su propia genialidad.
Es una crónica reveladora, una película que debería ser vista en todas las escuelas de actuación, ya que presenta un proceso que no brinda soluciones definitivas ni recetas de experto, sino valiosas lecciones de sabiduría.
Es un chiste. Cuando la trama llega a su anunciada escenificación de un atentado: de golpe, el espectador se ve instalado en los territorios de 'Mortadelo y Filemón'.
Cae sobre las expectativas como un jarro de agua fría, revelando en Tarsem Singh a un director que nunca había mostrado su potencial. Es una película que carece de identidad y deja a la audiencia decepcionada.
La secuela intenta enriquecer la historia original al modificar el escenario y las dinámicas del relato. Sin embargo, el atractivo de estas innovaciones se desvanece rápidamente, ya que el resto se convierte en una sucesión de acción predecible.
Hay buenas ideas, pero prevalece la impresión de haber pasado de una secuela acontecimiento a la algo atropellada resurrección de una franquicia. Por lo menos no estamos ante una fotocopia cara.