Acaba por ser no una pieza de valor histórico sino un alegato con clichés, aciertos y fallas que aluden a la contemporaneidad. Una superproducción que prefiere el espectáculo antes que reflexionar sobre la justicia a una víctima.
El género social, tan apreciado por Hollywood, tiene aquí una obra emblemática. Este filme sin duda se cuenta entre los mejores de los últimos cinco años.
Scafaria presenta una obra intensa que ilustra cómo al manipular las reglas, no se consigue nada. Su enfoque sobre la revancha tiene una resonancia social efectiva, evitando caer en esquemas simplistas o absurdos.
Una apuesta segura. Tiene los elementos de: originalidad temática, ambiente claustrofóbico y personajes matizados que no son simplemente buenos o malos, sino seres en desventaja social.
El acierto de Eastwood es plantear la historia entre la amoralidad y la crítica hacia tema dominante en la agenda política y sanitaria de Estados Unidos.
Una cinta de acción con fuerte trasfondo emocional; transmite la complejidad de esta tragedia vivida dentro y fuera del Kursk. Atrapados es un gran filme: atrapa al espectador y nunca lo suelta.
Nolan demuestra que el cine es una ciencia exacta: la combinación de los elementos que componen 'Dunkerque' da como resultado una obra maestra excepcional.
Sorkin dirige con limitada habilidad y desigual estilo. Dramáticamente, el resultado es una interesante crónica sobre una mujer de éxito marginal que se mantuvo incólume con tan sólo su ética.
La anécdota del limitado y esquemático guión que apuntaba a simple estampita escolar, un tanto dispareja, se deja ver porque gana una dimensión profundamente humana gracias a su pareja estelar.
Aburre. Mejor ver un filme perfecto, 'La emperatriz escarlata' (1934) de Josef von Sternberg, que sin pretensiones deja claro quién fue la última mujer en tener poder absoluto en Rusia.
La concepción cinematográfica no funciona. Demasiadas escenas evidencian esto. Desde el inicio son claras sus deficiencias dramáticas, lo que la convierte en la peor película de mafiosos en años.
Renunciando a cualquier habilidad cinematográfica previa, Radford elige un melodramático patetismo. Radford no supo qué hacer con su temática ni su personaje. Lo confirma el hueco y banal resultado. Un desastre de cinta.