Esto no es sólo un homenaje al estilo universal, sino un baño de colores y brillo sin igual. El resultado es espectacular. Saura imprime cada estado de ánimo, cada género y cada quejío puro con exactitud y preciosismo.
La actuación de Richard Jenkins eleva 'Querido John' por encima de la mediocridad. Sin embargo, el resto de la película se siente como un relleno que no logra captar la atención del espectador.
No llena. Tiene su aquel y posee cierta dignidad, pero con el discurrir del metraje se hace lenta y pesada, con demasiados kilos de simbología para flotar.
Edulcorada en exceso, «El juego de Ender» va perdiendo poco a poco la esencia que le otorgaba su verdadero valor. Aun así, la película presenta aspectos sobresalientes y es visualmente impecable.
Amanerada estética. El resultado es discreto: espectacular en cuanto a su composición coral, su visualidad y su fotografía, pero irregular en el contenido.
La historia del amigo que todos conocemos finalmente cobra vida en la pantalla. Taratuto presenta la realidad con un humor agudo desde la perspectiva externa, mientras transmite la profunda desesperación de quien vive la situación en carne propia.
El planteamiento carece de originalidad, el desarrollo es monótono y el desenlace resulta completamente predecible. En resumen, se trata de otra comedia poco ingeniosa.
La película es principalmente una oportunidad para exhibir el torso moreno de Matthew McConaughey. A su alrededor, se presentan paisajes hermosos y una atmósfera refrescante, convirtiéndola en una forma amena de entretenerse sin muchas expectativas.
La película tiene una chispa que no termina de encender. Falta un elemento intangible que la haga destacar. A pesar de su simpatía, la carisma de los actores y su idea ingeniosa, se siente un vacío. Es ligera y amable, pero no logra captar completamente la atención.
Un problema de credibilidad. Se presenta un relato que, aunque es simpático y agradable de ver, contiene algunas partes que no encajan bien en el conjunto.
Ditter busca explorar las conexiones entre las personas. Sin embargo, su enfoque desenfadado y, a menudo, vulgar convierte su intento de abordar un tema serio en algo superficial y confuso.
Es sorprendente cómo actores de renombre como Pierce Brosnan, Salma Hayek o Jessica Alba han aceptado participar en un proyecto con un director cuya trayectoria no promete nada positivo.
La ingenua entrega de Annette Bening brilla en cada escena. Junto al talentoso Ed Harris, esta obra, aunque sencilla, logra transmitir una calidez especial gracias a su actuación.