Resulta difícil creer que alguien piense que, hoy en día, puede asustar a la gente con chirridos de puertas mal engrasadas, ya que producen más ganas de llorar que de temblar.
Narración correcta en la que el drama se presenta con cierta naturalidad, aunque en algunos momentos puede parecer forzado. Sin embargo, logra ser creíble en todo momento.
Merece la pena observar cómo la directora opta por una narrativa fría y expositiva, lo que otorga a la historia un alcance más amplio y potencia la eficacia de la denuncia que se plantea.
Es probable que quienes vean la película sientan un impulso incontrolable de leer el libro. Se trata de una obra de alta calidad, con un Malkovich impresionante.
En esta crítica social, intensa y brutal, se encuentra el verdadero valor de la película, que busca su legitimidad en el hecho de que se basa en una historia real.
Linklater presenta un boceto audaz que confía en la capacidad de sus actores, quienes brillan en sus interpretaciones. En definitiva, se trata de un tesoro casi oculto de gran valor.
No verán al mejor Clint, sino a un cineasta emocionado por el personaje que describe. Su trabajo es meritorio en ejecución, pero su planteamiento resulta excesivamente idealista. Aún así, la huella del maestro es siempre firme.
Plomiza pedantería. El argumento carece de cohesión, el guión es prácticamente inexistente, y resulta esencial leer la sinopsis previamente para entender algo, ya que no hay conexión entre las escenas. Además, la película avanza a un ritmo extremadamente lento.
El trasfondo de la película se compone de historias repetitivas. Jackie Chan continúa demostrando sus habilidades, mientras que Jet Li aporta poco más que su habitual expresión seria.