Un 'anime' de alto nivel. Colorido se establece como una referencia a seguir: personajes con un diseño carismático, elegancia en los movimientos y una integración efectiva de la infografía. Un nivel de calidad excepcional.
Quizá cabe reprochar cierta tendencia a una estetización excesivamente higiénica; incluso en aquellos momentos en que debería prevalecer la cruda realidad, todo está dirigido, iluminado e interpretado de manera pulcra y clara.
Ni siquiera el carismático Centineo logra rescatar esta película deficiente. La falta de imaginación y el ritmo prácticamente inexiste convierten la experiencia en un desafío, pues la trama apenas se sostiene gracias al encanto del protagonista.
Una 'teen movie' insólita y esquiva, que combina lo intelectual con lo sensorial. A veces puede resultar algo frustrante debido a su languidez calculada, pero resulta imposible apartar la mirada en cualquier momento.
Combina un sentimentalismo confortable con una brusquedad inesperada. Es una y muchas series a la vez, lo que puede generar desconcierto, intriga y, para qué negarlo, una cierta diversión acompañada de un sentimiento de culpa.
La película es, por encima de todo, una exhibición de actores. Este plantel brillante sublima todas las actitudes y todos los humores imaginables en dos horas que van de la comedia agridulce a un drama catártico.
Estimable filme. Resulta mejor cuanto más irreal, así en su segunda mitad como en ese prólogo con reflejos del 'Juego de niños' de la serie 'Suspense', alcanza una notable capacidad sugestiva.
La trama se complica y pierde fuerza. Eric Goode y Rebecca Chaiklin intentan justificar esta nueva exploración en el oscuro mundo de los explotadores de grandes felinos.
Estilizado sufrimiento. Hay algo sospechoso y disonante en esa reluciente austeridad, y esa insistencia en enmarcar la abyección en composiciones de elegancia extrema.
Se debate entre el drama serio sobre la memoria histórica y la catarsis 'pulp' vengativa. La balanza se decanta hacia la diversión en su tercer y, sobre todo, cuarto episodios.
Se busca un equilibrio difícil entre el melodrama crepuscular y la acción física que desafía las leyes de la gravedad. Este último aspecto es el más satisfactorio. Aunque no se trate del cierre más óptimo, cumple su función de manera efectiva.
Drama oscurecido por el humor. Los personajes, la actriz y la trama son cautivadores, pero 'Gaslit' explora diversas perspectivas. Matt Ross utiliza un enfoque mayormente cínico en lugar de cálido.
En su intento de equilibrar diferentes perspectivas y comprender a su antiheroína, Waller termina cayendo en ambivalencias que resultan algo cuestionables.
Cruza con alegría el neo-giallo y los pasajes en negativo al más puro estilo de Maya Deren. Sin embargo, no siempre resulta fascinante; también puede volverse desesperante, especialmente en algunas de sus escenas de comedia bufa.