Es una fábula que combina comedia naïf y cuento infantil, ofreciendo una profunda reflexión sobre la humanidad, todo a través de las aventuras de un grupo de perros abandonados junto a un niño de 12 años.
El director de 'El gato desaparece' muestra en su nueva obra varias conexiones con 'Historias mínimas', su película más reconocida, y utiliza anécdotas de la vida diaria para construir su narrativa.
Tal vez el mayor fallo al llevar 'El retrato de Dorian Gray' a la pantalla es la insensatez de transformarlo en una historia de terror, y esta adaptación no se escapa de esa interpretación de vicios.
Tour de force de alto impacto. Urdido con imágenes de un realismo abrumador, el nuevo film del director de "Atenas" muestra casi sin filtros retazos de la vida al margen.
Hay varios aspectos a criticar. Los estereotipos son evidentes, la banda sonora presenta un repertorio latino difícil de soportar y las actuaciones son solo aceptables. Además, la presencia de Ben Affleck no ayuda.
'La culpa' vuelve a demostrar que no son necesarias ni toneladas de efectos especiales ni una montaña de dólares para hacer que el lenguaje del cine resulte complejo, dinámico y también entretenido.
Richet, aunque no evita los métodos ni las contradicciones éticas de Vidocq, se enfoca más en ofrecer emocionantes secuencias de acción y en presentar al personaje como un héroe, que en explorar a fondo su figura.
La película abraza su naturaleza trágica, explorando valientemente las profundidades de las miserias y miedos humanos. Presenta todo en primer plano, sin reservarse nada, ofreciendo detalles inquietantes con un enfoque hiperrealista.
A través de un original recurso narrativo, el tercer filme de Ruizpalacios ofrece una reflexión profunda sobre la institución policial, cuestionando sus funciones mientras también reconoce su importancia en la sociedad.
La obsesión del director por una joven coreana que conoció en su juventud lo impulsa a regresar a Asia. Finalmente, ella consiente a ser entrevistada en Argentina, lo que lleva a la película a un desenlace sorprendente y conmovedor.
Julián d’Angiolillo entrelaza múltiples capas de realidad, creando una obra que supera lo ficticio. Esto resulta en una interpretación única y original de 'La ley de la calle', con un enfoque singular en el entorno urbano.
La película se vuelve cada vez más torpe a medida que su discurso comienza a mostrar intenciones manipuladoras. Esta falta de honestidad intelectual destruye cualquier oportunidad de disfrutar de la experiencia cinematográfica.
Resulta tan entretenida por el dinamismo de sus escenas de acción, como reiterativa. La abundancia de diálogos solemnes y de intenciones explícitas acaba por sobrecargar.
Un impulso lúdico y genuinamente cinéfilo que consigue traspasar la pantalla. El problema aparece cuando lo que era un juego se convierte en sermón y se fuerza la imposición de un mensaje unívoco.
Dispone de todos los elementos esenciales para una trama judicial: suspense, comedia, sorpresas en la narrativa y refleja que un tribunal es solo uno de los muchos escenarios donde el drama cobra vida.
El resultado final es un pastiche paternalista, pueril y bastante reduccionista en el que los protagonistas se ven obligados a cumplir con una corrección política. Todo esto se presenta con el trazo grueso de una mala telenovela, careciendo de gracia.
Un potente y vívido registro de distintas situaciones de violencia por las que atraviesa la comunidad negra al sur de los Estados Unidos, a través de un estilizado uso del blanco y negro que resalta con fuerza los dramas que tienen lugar frente a la cámara.
La obra es visualmente impresionante. Lanthimos crea cada escena y organiza las tomas con una dedicación admirable, capaz de hacer que incluso Kubrick lo envidiara. Además, el desempeño del elenco es realmente notable.