Matias consigue que su cámara se convierta en un elemento invisible, haciendo que el espectador sienta que es un observador directo de los eventos que ocurren.
A pesar de la falta de elementos innovadores, la película utiliza las fórmulas de forma efectiva, demostrando un excelente control del tempo y el ritmo.
Por un instante alguno creerá que el miedo puede ser metáfora de otra cosa, que el monstruo no es más que un McGuffin para ocultar una monstruosidad doméstica mayor. Pero no, la verdad es que no hay nada más.
Andrizzi ejecuta de manera efectiva las diversas líneas narrativas y estilísticas mediante un montaje paralelo, permitiendo que cada una entre o salga del foco principal de la historia en el momento adecuado.