Un festín auditivo y visual en el que la propia comida es implacablemente escrutada e incluso desfamiliarizada. Todo es de un gusto terrible. También es delicioso.
Aunque esta dramedia de John Wells está animada por unos montajes que hacen la boca agua y un intenso y nada sorprendente giro de Cooper, el guion de Steven Knight se sirve ácido, pero poco profundo.
Lasse Hallstrom retoma el camino que siguió con 'Chocolat' en esta densa propuesta cinematográfica centrada en la comida casera, ofreciendo una lección bienintencionada sobre la convivencia étnica.
Su sátira nace en un lugar de verdadera sinceridad. 'Tampopo' no sólo se toma la comida en serio; explora cómo la comida afecta a los pilares de cada cultura.
La decisión de Miller de centrarse únicamente en los personajes y en el tema refleja una gran confianza. Esta elección otorga a la película la profundidad necesaria.
'Krampus' no es especialmente aterradora, pero sin embargo genera una buena disposición al tratar su temática de invasiones vacacionales con admirable seriedad.
Joel David Moore encabeza un elenco lleno de personajes diversos y alocadamente combativos, a los que el guionista Adam Green despacha con un disfrute palpable y un amor evidente por las convenciones del género.
Lo que da fuerza a la película es su estrella. En el personaje de Felix puedes ver ese toque anárquico e inexpresivo que ha hecho de Murray una potencia cómica en Estados Unidos.
A pesar de su enfoque sutil y discreto, el humor de los personajes no logra establecer el ritmo adecuado. La película necesita superar varios obstáculos para alcanzar su máximo potencial.
Desmadejada, abrasadora, es la película de Spike Lee más vital en años. Abrupta, didáctica y más potente en mostrar conceptos audaces que en coherencia narrativa.
Más con el estilo de una sitcom que subversiva. Esta redondilla sobre la disfunción carnal busca fusionar dulzura y picardía, aunque lo logra de manera intermitente.
Anais Demoustier y Romain Duris brindan interpretaciones sutiles y excepcionales en la nueva película de François Ozon, que resulta ser deliciosamente entretenida.
La interpretación de Blanchett es tan dominante en términos de tiempo en pantalla e impacto emocional que la película no sólo consigue ser una virtuosa obra de conjunto, sino también un gran estudio íntimo del personaje del título.