Una película hermosa y extrañamente olvidable, quizás porque el material que se ha tomado prestado no está a la altura de las ingeniosas creaciones de la mente de del Toro.
La transformación de Gaga en una actriz seria para su primer gran papel merece ser elogiada. Sin embargo, es Cooper quien realmente impulsa la película. Su uso de la cámara crea una sensación de intimidad febril que envuelve al espectador por completo.
Tate Taylor traslada con habilidad la sombría amenaza y los juegos temporales de las tramas interconectadas, logrando interpretaciones memorables de su elenco, especialmente de las dos protagonistas femeninas.
Merece la pena verla. Sin embargo, lo que trasciende esa narración no es solo el estilo de Johnson al contarla, sino el amor inconmensurable entre quien la crea y su musa.
La resolución resulta apresurada y confusa, mientras que todo transcurre en un frenesí caótico que el singular y complicado recorrido de 'Amsterdam' y el exagerado elenco estelar no logran justificar.
Podría haber dicho muchas cosas sobre la soledad moderna y la masculinidad tóxica, pero Stearns decide convertir esas ideas en una sátira seca y directa.
Logra algo que muy pocas películas sobre la pena de muerte han logrado: manejar un tema espinoso y muy complicado evitando caer en lo moralizador y lo melodramático.
Pedir algo de agudeza a una película donde casi no hay representación de personas de color en todo Nueva York, sin mencionar la ausencia de una paloma o de un apartamento en un barrio humilde, resulta probablemente en vano.
Las mejores partes evocan la magia palpable de los efectos prácticos y la ilimitada posibilidad de que una mente creativa explore sus rincones más oscuros y singulares. Es un deleite para los aficionados a la animación.
Como fábula de ciencia ficción, parece más escurridiza y menos visceralmente satisfactoria que el horror relativamente sencillo de 'Get Out' o incluso la 'Us' de 2019, pero aún así, permanece