Una obra floja e insegura que sirve de acompañamiento a 'A Castle In Italy'. Cuesta conectar con la trama. Lo único que consigue es arrojar luz sobre el mundo hermético que representa.
Sobre todo es el guión, las interpretaciones y el seguro sentido del ritmo cómico los que hacen que esta continuación de 'The Man Next Door' de Cohn y Duprat sea una delicia.
Su aburrida parte intermedia pierde el impulso motivacional en un mar de subtramas y opta por un melodrama inverosímil justo cuando empieza a tocarte la fibra de forma genuina.
La acción se traslada de repente a una secuencia de montaje de diez minutos que abarca los actos segundo y tercero del guion. Este giro es tan despreocupado y audaz que Dupieux casi logra su objetivo.
Es a la vez entretenida y frustrante. Como película reflexiva es impresionante, pero echamos en falta que el director cambie un poco su estilo y que pruebe nuevas cosas.
No se esfuerza lo suficiente por dar sentido y coherencia a la dispersa naturaleza de su temática, además de emplear un estilo que pretende jugar con el crimen puro y duro sin llegar nunca a lograr impactar en el espectador.
A pesar de su sátira, a menudo acertada, la floja trama de 'Mi gran noche' parece haber sido escrita en el reverso de una servilleta en una tarde de borrachera.
Sufre una crisis de identidad. Bellamente filmada, con gran atención al detalle y un reparto estelar, es una celebración al viejo espíritu pionero, donde las historias no tienen tiempo para avanzar.
Aunque 'Vittoria' se basa en un lugar intensamente real, hay algo más que un toque de fábula en una historia guionizada con admirable eficacia, en la que las escenas sueltas lo dicen todo.