Aunque en esta tercera temporada las cosas son más groseras, también pone en lugar de autorreflexión a varias de las criaturas originales, lo que contribuye a la complejidad de cada episodio.
Una excelente película de clase B. Todos sus actores son secundarios destacados y las secuencias bélicas son un homenaje a la acción directa típica de las tardes de sábado. Al igual que en las producciones antiguas, aquí todo es directo y claro.
Es, desgraciadamente, menos de lo mismo. Quedan en pie un diseño apabullante y un poco de simpatía; lo otro, lo sustancial que proveía toda la emoción y el placer, quedó fuera del inventario.
A pesar de que se presenta ternura y emoción, el guión no logra definirse entre la parodia y la lección de vida, mientras que la supuesta “magia” se diluye en un despliegue de alta tecnología.
Es ligera, cómica y está llena de aventuras y momentos felices. Sin embargo, también es una profunda reflexión sobre el deber y el deseo, así como sobre la distinción, no siempre evidente, entre moral y ética. Se acerca a la categoría de obra maestra.
Realizada con una animación de muy buen gusto que no sorprende ni por su trama ni por su tema, sino por la ejecución de la fábula, que evita los subrayados y pone el acento en las aventuras.
La película presenta momentos verdaderamente divertidos y el diseño visual es notablemente atractivo, distanciándose de lo habitual en el género digital.
Una de las mejores comedias del año. La película carece de villanos y se caracteriza por su amabilidad absoluta, lo que demuestra que Rudd y Douglas pueden formar un gran dúo cómico. Los efectos especiales cumplen una función importante en este contexto.
Lo más complicado de este relato es encontrar el equilibrio entre la parte cómica, el sarcasmo del protagonista y la ternura que finalmente debe prevalecer. Esta película logra esa hazaña, aunque su victoria se siente más como una acumulación de méritos que como un triunfo contundente.
Está bien, tiene buen ritmo, abusa un poco de la parodia (lo que evita cierta metáfora) y se siente el aire de déjà-vu en todo lo que pasa. De todos modos, una mejora: la dirección de la veterana Kelly Asbury le pone algo de filo a lo que, en ocasiones anteriores, fue demasiado soso.
Hay humor y aventuras y la película nunca se toma demasiado en serio, como el mejor cartoon, aunque la necesidad de dejar una moraleja y de alargar situaciones lastra el resultado final con ripios innecesarios.
El diseño, junto con el timing, es el gran secreto de esta película, y en la mayoría de las secuencias, el film lo recuerda y lo aplica de manera efectiva. Si decides ir con los niños a ver esta película, disfrutarás de la experiencia. Y si vas sin ellos, también lo harás.
En el balance, hay momentos de poesía abstracta, resultado del diseño de personajes, que se integran con elegancia en la tradición "Disney" del género, destacando toda la expresión en los ojos.
Sin ser excepcional y sin lograr dar en la diana en todo momento, se sirve de la esencia clásica de los cartoons, permitiendo que cualquier situación cómica se desarrolle en pantalla. Y en más de una ocasión, efectivamente logra provocar una risa sincera y desinhibida.