Todo funciona correctamente, aunque hay que considerar dos aspectos: el énfasis en "lo social" y el desajuste entre ciertas historias. La violencia es intensa y directa, lo que aporta una agradable imprevisibilidad a lo largo de la narrativa.
Lo interesante es que lo que vemos en pantalla respeta mucho del humor, la ternura y el elemento ostensiblemente “cuento de hadas” de la historieta original.
Lo más encantador de esta película es que Lavand siempre tiene una sonrisa en su rostro, dispuesto a compartir historias con sus cartas. Su carácter cercano lo hace parecer un hombre común, lo que la convierte en una experiencia divertida y entrañable para disfrutar en familia.
Esta reversión en animación digital 3D se caracteriza por su dinámica sencilla y muestra a imponentes guerreros inspirados en la mitología griega enfrentándose a monstruos aterradores.
Lo mejor es, siempre, la definición de los personajes, esos retruécanos rápidos del tipo ibérico que hacen que lo trágico se transforme en grotesco y en sátira.
No todos los relatos son igualmente buenos, pero hay tres que destacan por su impresionante ejecución técnica, su manejo del ritmo y el desarrollo de los personajes.
En cierto punto, el film causa risa y funciona cuando Baron Cohen se deja llevar por el ejercicio de su capacidad para la comicidad. Pero tiene un enorme problema: el chiste de ser ofensivo esconde una moralina un poco recalcitrante y antigua.
El director George Armitage logra equilibrar el absurdo con la seriedad a lo largo de la película, presentando una puesta en escena dinámica y precisa. Como resultado, uno termina conectando emocionalmente con la mayoría de los personajes.
Decir que esto es malo es una falsedad: resulta entretenido, una mezcla pop que va desde el cine de antaño hasta el manga. Es una deliciosa propuesta bastante vibrante.
Washington tiene una gran virtud como actor: entiende a su criatura. Ese ha sido siempre su talento, y eso le provee una profundidad y un interés que, de otro modo, el film no tendría.
Un film impactante que refleja la libertad creativa de Scorsese, exhibiendo sus pensamientos sin restricciones, y que presenta un drama intenso y conmovedor.
Es una especie de pelea que no termina de cuajar del todo entre las exigencias de un “canon potteriano” previamente establecido, un buen ejemplo de lo bueno y lo malo del cine popular contemporáneo.