El resultado es un paseo por la adolescencia y la aventura que excede con mucho al “público infantil”. Y como si fuera poco, está llena de bellas invenciones.
El cine de género australiano nos ha brindado directores icónicos como George Miller y actores como Mel Gibson, mientras desarrolla una rica iconografía. Su esencia captura la velocidad, la sátira y ese carácter único que floreció en los años ochenta.
El despliegue visual es suntuoso, aunque en ocasiones resulta un tanto sobrecargado. Sin embargo, lo que realmente eleva la película es el enfoque al estilo de Harold Lloyd que ha desarrollado Reynolds, logrando así un personaje distintivo que cautiva.
Una celebración de los años ochenta y la cultura pop. Se enfoca en un impresionante uso de la captura de movimiento y efectos digitales, ofreciendo secuencias de acción intensas y, al mismo tiempo, profundas y emotivas.
Técnicamente impecable, la serie aborda dilemas morales que superan lo habitual en producciones similares y ofrece una reflexión profunda sobre lo que significa madurar en la actualidad.
La película fusiona la comedia absurda, la sátira, el musical y el cine deportivo de una forma impecable. Logra mantenernos riendo mientras retrata a sus personajes con una profunda humanidad.
La película es un encantador cuento musical repleto de colores, con un toque agridulce característico de las fábulas del espectáculo. Emma Stone y Ryan Gosling tienen una química excepcional, lo que convierte su actuación en la razón principal para disfrutar de esta historia.
Buñuel utiliza la narrativa como una forma de observar a sus personajes desde la distancia, revelando la forma en que estos seres profundos interactúan con sus raíces más ancestrales. Además, se nos presenta una magistral lección de cine de uno de los más grandes humoristas en la historia del cine.
El trabajo de voces es excepcional, presentando un Mickey del siglo XXI que se muestra optimista y valiente, aunque también tiene su lado torpe y alienado. Es una película que vale la pena no dejar pasar.
Mel Brooks regresa a los 96 años con un humor excepcional que nos recuerda su maestría. Su comedia no se basa en la burla; él descubre en sus pasiones y aversiones, en la tragedia y la alegría, el absurdo de la experiencia humana que nos invita a reír.
Lo más destacable de esta serie de seis episodios es su enfoque en lo cotidiano y la forma genuina en que Rick Rubin y McCartney interactúan. De manera sutil y sin pretensiones, se revela el talento innato de McCartney.
Interesante por la relación entre las Américas y por el personaje. Más allá de deslices hacia el pintoresquismo, Bruno Barreto logra que los personajes sean humanos.
Ciencia ficción y fantasía exploran el concepto de libre albedrío. La película destaca por su rica imaginación visual, a pesar de abordar un tema que ha sido muy recurrente en los últimos años.
En general, la narración es efectiva y el estilo visual es clásico y directo. Las actuaciones son sólidas, aunque a veces hay un exceso de declamación. El ambiente está cuidadosamente logrado.
Muestra cómo cambió el modo en que la gente se relacionaba, cómo surgió la modernidad y, de paso, una historia sobre el avance de las mujeres en un mundo de prejuicios.
Parodia de los cortos infantiles que abordan conceptos como la amistad, el tiempo y el arte. Las respuestas y situaciones se tornan tan absurdas que desdibujan por completo la esencia de las preguntas planteadas.
En esta serie, la trama se torna absurda y revela cómo el uso excesivo del "documental periodístico" ha perdido su esencia. Es uno de los contenidos más entretenidos disponibles en las plataformas de streaming.