Welles presenta un nuevo personaje fascinante, que se mueve entre la sátira y la tragedia, manteniendo nuestra atención y seduciéndonos con su complejidad.
La mezcla de generosidad y confianza en la capacidad del espectador, donde la risa se convierte en un acto intelectual, convierte a esta película en una obra realmente única, un verdadero oasis en el cine actual.
El melodrama nos sumerge en una lucha entre la pasión y las normas sociales, creando una atmósfera vibrante donde lo dicho y lo no dicho juegan un papel crucial. La intensidad de las emociones se manifiesta de manera palpable.
Kurosawa transforma el material original en el contexto japonés, interpretando la obra a través de su propia visión. Aunque no es uno de sus films más conocidos, está entre los más destacados.
La película tiene un título que, por su aliteración y rima interna, no suena bien y esto se refleja en su calidad. Sin embargo, resulta algo entretenida para aquellos que deseen llegar hasta el final.
El humor satírico es el eje central en un contexto marcado por la cultura de la cancelación y jóvenes defendiendo posturas anacrónicas. 'Masculino-femenino' actúa como un bálsamo en medio de este tumulto.
Gran película paranoica. Una joya realizada a puro talento, cine de primera calidad que deja de lado los lugares comunes del horror de golpe de efecto y se concentra en el verdadero miedo, el de lo demasiado humano.
Un film muy ambicioso. Mitre exhibe un control excepcional sobre los elementos del cine: comprende claramente lo que desea transmitir y el método para hacerlo.
Melodrama que explora el origen y la institución familiar con una narrativa precisa, sin escenas innecesarias ni gestos superfluos. Su final elegante y conmovedor resulta sorprendente, destacándose en un cine que cada vez es más raro.
Veinte años después, la película sigue impresionando por su impacto visual. Esta saga es la raíz del cine de fantasía actual, influyendo en su desarrollo de diversas maneras.
Que hubo un tiempo donde la amargura se retrataba de manera bella. Es un efecto interesante para el espectador relleno de explosiones, atosigado con imágenes fugaces: “La dolce vita” es más moderna hoy que en 1960.
Lo más destacado es la asombrosa sincronización entre los dos actores, considerados como una de las mejores duplas cómicas que ha visto el séptimo arte.
Aún hoy sigue siendo una experiencia aterradora y visualmente impactante. Las interpretaciones son creíbles, aunque a veces caen en clichés. Un gran filme que deja una fuerte impresión.