'Vértigo' es ampliamente reconocida como una obra maestra. La música y los temas son esenciales para una nueva apreciación de la película. Pocas obras logran alcanzar ese nivel, casi en la frontera del surrealismo.
Esta película fue considerada una revelación en el género del terror, aunque las expectativas fueron demasiado altas. A pesar de contar con momentos destacados, el resultado final no cumple con las promesas iniciales.
La mezcla de generosidad y confianza en la capacidad del espectador, donde la risa se convierte en un acto intelectual, convierte a esta película en una obra realmente única, un verdadero oasis en el cine actual.
Kurosawa utiliza hábilmente diversos elementos como la música, la comedia y el suspenso, creando un cine que se siente necesario y refrescante en el panorama actual.
Una película muy humana que profundiza en los personajes y en sus aspectos más oscuros, logrando darles una dimensión tridimensional, lejos de ser simples instrumentos narrativos.
El melodrama nos sumerge en una lucha entre la pasión y las normas sociales, creando una atmósfera vibrante donde lo dicho y lo no dicho juegan un papel crucial. La intensidad de las emociones se manifiesta de manera palpable.
La trama incluye una exhaustiva investigación y la intensa presión mediática, todo en medio de una familia rota y un principal sospechoso en la mira. Cada episodio contribuye a la narración sin momentos de relleno.
Es algo único que no se repitió en nuestro cine y un retrato político desde la pura metáfora, que hace de cualquier aplicabilidad del relato algo menos universal que su sentido.
La trama es increíblemente compleja. Lo esencial son los personajes y sus interacciones; sin esta empatía, varios aspectos se sentirían como simples clichés.
Lo que podría ser una reflexión sobre la imaginación y las diferencias entre el mundo concreto y el invisible se disuelve en la pereza del cliché utilizado para acelerar el trámite. Una pena.
El resultado es fresco, ya que los diálogos combinan inteligencia y sátira, mientras que las escenas de acción son relevantes y no simplemente un entretenimiento superficial.
Tiene lo suyo como diversión autoconsciente, aunque le falta un poco de madurez y de desarrollo de personajes. Al menos no aburre, lo que ya es una hazaña.
El cine se presenta aquí en una forma física, perfecta y deliberadamente bidimensional, encapsulando la esencia de Stallone y su icónico personaje, Rambo.