A pesar de que hay aspectos familiares en otras obras, el guion y las actuaciones son de calidad, ofreciendo una narrativa que resulta bastante convincente. En ciertos momentos, el manejo de la cámara crea una atmósfera de paranoia que enriquece la trama.
Siempre interesante y lleno de suspenso, se mantiene como una de las mejores producciones de la década. Su narrativa y desarrollo son tan cautivadores que resulta adictiva.
La película destaca por su habilidad para mantener el suspenso y su enfoque en la narrativa policial. Sin embargo, se siente como una más de las tantas que critican la política actual, lo que demanda una nueva visión menos complaciente.
A pesar de que la serie no ofrece nada realmente innovador, logra funcionar gracias a la actuación de Keri Russell. Mantiene al espectador entretenido y sigue una narrativa coherente desde el primer episodio hasta el último.
Moretti nos invita a reflexionar sobre la realidad actual con una mirada irónica y divertida, logrando hacernos reír mientras abordamos temas profundos. Su talento como comediante resalta en cada escena.
La trama es increíblemente compleja. Lo esencial son los personajes y sus interacciones; sin esta empatía, varios aspectos se sentirían como simples clichés.
Lo que podría ser una reflexión sobre la imaginación y las diferencias entre el mundo concreto y el invisible se disuelve en la pereza del cliché utilizado para acelerar el trámite. Una pena.
El resultado es fresco, ya que los diálogos combinan inteligencia y sátira, mientras que las escenas de acción son relevantes y no simplemente un entretenimiento superficial.
La película, aunque formalmente aceptable, enfrenta el desafío de perder su esencia poética al transformar una idea casi ficticia, como el hombre de los objetos, en un cliché muy común.
Tremenda y apacible obra maestra sobre el paso del tiempo y la enorme ironía que eso implica, tiene algunos de los momentos más brillantes de su cine y logra combinar varios géneros y tono.
Ripstein lleva las cosas a un extremo tan sangriento que, en medio de la tragedia, aparece un lado satírico e irónico de la realidad que crea un profundo abismo entre los hechos y las palabras.
Decía Hitchcock que a menudo hay relatos verdaderos que resultan inverosímiles en la pantalla. Esto se aplica aquí, donde el contenido se presenta de manera decepcionante, sin esfuerzo por construir una narrativa interesante.
El resultado es tanto justo como devastador, ya que hay instantes en los que el espectador se siente impotente ante el sufrimiento de los protagonistas. Este film logra una perturbación que pocas películas consiguen.
La primera temporada muestra un gran potencial cómico, aunque solo se explota en momentos puntuales. Sin embargo, esto puede ser positivo, ya que gran parte del humor se desarrolla gradualmente en un contexto donde la sátira es accesible.
Es interesante, especialmente para el ateo. Porque explica la existencia de algo tan inaprensible y universal como la necesidad de trascendencia, y lo hace de modo ameno, incluso divertido.