En algunas escenas la trama logra transmitirse de manera efectiva, pero en otras fallan. El principal inconveniente radica en la sutil distinción entre la complejidad y la acumulación excesiva de elementos.
La serie presenta diferentes perspectivas y evita ofrecer respuestas sencillas, aunque la historia concluye de manera clara y lógica, brindando satisfacción en todos los aspectos.
En cada capítulo se lleva al límite la originalidad de la trama. Los hermanos Duplass, tanto cineastas como productores, aprovechan al máximo su creatividad.
McQueen profundiza en las circunstancias y logra integrar las imágenes del entorno del protagonista, lo que permite que éstas refuercen y expresen sus emociones.
Realista con una aproximación documental, la serie se adentra en un mundo de pura ficción donde las dinámicas han cambiado notablemente. La tensión narrativa se mantiene intacta, junto con la aventura y personajes que podrían considerarse clásicos de la televisión.
Más allá de las aventuras y el delicado equilibrio entre la imagen y la música, esta obra se presenta como un reflejo japonés de tradiciones universales, un relato moral que va más allá de su contexto cultural. Es difícil hallar una película que haya alcanzado tal belleza.
El aprovechamiento de los escenarios refleja los sentimientos de los personajes, algo que a menudo se pasa por alto en este género. Hay un juego con las imágenes que permite descubrir lo que se oculta tras ellas.
Vista hoy, la película irradia una intensidad y elegancia que raramente se encuentra en el género. Aunque en su momento fue un fracaso comercial y posiblemente mal comprendida, actualmente se destaca por su extraordinaria fuerza expresiva.
La película presenta una trama enrevesada y llena de detalles que la complican más de lo necesario. Sin embargo, al abstraerse de esos aspectos, logra mantener el interés y ofrece una perspectiva intrigante sobre la religión.
Mizoguchi narra con delicadeza, ubicando la cámara en el lugar adecuado. Todo es visualmente impresionante y cada plano sorprende, pero esta belleza no eclipsa la historia, sino que se entrelaza con ella.
Stillman es un director irónico que descubre ternura y calidez en los lugares más inesperados. Esta adaptación de Jane Austen brilla con la frescura y el ingenio de una comedia de la década de 1930.
La serie se destaca por su humor singular, que combina lo agridulce y lo cómico de forma sorprendente. La escritura, en gran parte a cargo de Kudrow, es excepcionalmente inteligente. Definitivamente, vale la pena verla.
El comienzo es lento, pero a medida que avanza, la película adquiere una atmósfera pesadillesca muy efectiva. Se siente más como un ensayo que como un film, aunque cuenta con momentos destacados que merecen atención.
Clima puro, intriga que se construye poco a poco pero sin pausa, y una enorme y desconcertante ambigüedad moral. Terror como debe ser: miedo a lo posible y desconocido.
Esta película de terror se aleja de los clichés del género, presentando un diseño visual meticulosamente elaborado y un tono realista que evita exageraciones.