Lo interesante de esta serie es que va más allá de los tópicos de mujer maltratada y sociedad explotadora, profundizando en la vida de todos los personajes. Además, logra hacerlo de una manera inteligente y envolvente.
Requiere de un espectador que esté absolutamente dispuesto a tomar el tiempo necesario para ver y comprender; si lo hace, cada pequeño movimiento en el plano, cada gesto, le dirá tanto como en el teatro Noh japonés.
Grandes valores de producción. Los lugares comunes sobre ricos y pobres están presentes, tal como uno podría imaginar. Sin embargo, a pesar de ello, logra funcionar.
Hay películas perfectas. Esta es una de ellas. Cuando el film concluye, resuena en la memoria como algo excepcional, como si la vida diaria y superficial fuese capturada por seres de otro planeta. No hay otras películas que se asemejen a esta.
El suspenso se pierde en una narración lenta que carece de elementos intrigantes. A pesar de intentar ser dinámico, el resultado es una película demasiado rígida.
Decía Hitchcock que a menudo hay relatos verdaderos que resultan inverosímiles en la pantalla. Esto se aplica aquí, donde el contenido se presenta de manera decepcionante, sin esfuerzo por construir una narrativa interesante.
Hernández mantiene la tensión a lo largo de toda la película. Los actores están completamente alineados con el proyecto, lo que permite al espectador conectar con su existencia y humanidad.
El film destaca por su humor absurdo y romántico, además de ofrecer una creatividad excepcional en las secuencias de acción, algo poco común en el cine de acción de Hollywood. Resulta una experiencia cinematográfica única y sorprendente.
Es algo único que no se repitió en nuestro cine y un retrato político desde la pura metáfora, que hace de cualquier aplicabilidad del relato algo menos universal que su sentido.
Es muy buena, y muy interesante por cómo combina las mejores herramientas del cine de género con la mirada descriptiva de una sociedad y de sus contradicciones, sobre todo la tensión entre tradiciones y modernidad.
La película rinde tributo al terror de la vieja escuela, integrando una crítica social aguda, aunque no humorística, con toques de humor negro que la hacen única.
El cine se presenta aquí en una forma física, perfecta y deliberadamente bidimensional, encapsulando la esencia de Stallone y su icónico personaje, Rambo.
Se sale del cine con la sensación de haber visto algo alegre y feliz, pero no se recuerda del todo por qué. Bogdanovich está allí, sólo que un poco menos que en sus mejores días.
Tremenda y apacible obra maestra sobre el paso del tiempo y la enorme ironía que eso implica, tiene algunos de los momentos más brillantes de su cine y logra combinar varios géneros y tono.