La agente Carrie Mathison se ha convertido en uno de los personajes más notables de la televisión, y su intrincada personalidad nos atrapa en los pormenores de la trama.
Oportunidad desperdiciada: el film original era previo a internet y el discurso sobre lo virtual y lo irreal, por lo que una nueva versión permitía entrar con más fuerza en esos temas. Pero para eso habría hecho falta un auténtico director de cine.
La película se desarrolla de manera excepcional, convirtiéndose en una obra brillante y conmovedora. Wilder logró captar la esencia del original y se dirigió directamente hacia ella.
Aunque no está completamente alcanzada y carece de la locura casi caricaturesca del original, ambas poseen una buena química cómica, y la diversión se manifiesta en los momentos adecuados. No hay mucho más que añadir.
Es una película feminista en su máxima expresión, ya que empodera a un personaje femenino que siempre toma las riendas de su propio destino, explorando sus complejidades morales de manera matizada.
La película, aunque formalmente aceptable, enfrenta el desafío de perder su esencia poética al transformar una idea casi ficticia, como el hombre de los objetos, en un cliché muy común.
Tremenda y apacible obra maestra sobre el paso del tiempo y la enorme ironía que eso implica, tiene algunos de los momentos más brillantes de su cine y logra combinar varios géneros y tono.
Ripstein lleva las cosas a un extremo tan sangriento que, en medio de la tragedia, aparece un lado satírico e irónico de la realidad que crea un profundo abismo entre los hechos y las palabras.
El suspenso se pierde en una narración lenta que carece de elementos intrigantes. A pesar de intentar ser dinámico, el resultado es una película demasiado rígida.
El resultado es tanto justo como devastador, ya que hay instantes en los que el espectador se siente impotente ante el sufrimiento de los protagonistas. Este film logra una perturbación que pocas películas consiguen.
Hernández mantiene la tensión a lo largo de toda la película. Los actores están completamente alineados con el proyecto, lo que permite al espectador conectar con su existencia y humanidad.
El film destaca por su humor absurdo y romántico, además de ofrecer una creatividad excepcional en las secuencias de acción, algo poco común en el cine de acción de Hollywood. Resulta una experiencia cinematográfica única y sorprendente.
El espectador se conecta con cuestiones casi atávicas, más allá de que el entretenimiento y el relato mantienen la tensión durante toda la proyección. Este ejercicio concreto y conciso resulta estimulante.
Hay momentos sublimes, como el encuentro con John McEnroe, quien frecuentemente aparece en las películas de Sandler. Además, el personaje interpretado por Turturro demuestra que también es un comediante de gran talento.