Porumboiu no se limita a las referencias populares, sino que elabora con firmeza su compleja e inesperada trama. Su enfoque es muy diferente al de la mayoría del nuevo cine rumano y sus fríos retratos sociales; además, demuestra que también es capaz de jugar ingeniosamente con la revisión de géneros.
Lo que no compartí fue el sentido del humor de 'The Square'. Muchas ocurrencias de la película provocaron aisladas risotadas en la función de prensa. Debe ser un asunto cultural. Quien esto escribe se mantuvo impávido durante toda la proyección.
El bar marca un nuevo escalón en la trayectoria descendente del director español Álex de la Iglesia. La película no logra resultar graciosa, pero sí se presenta como grotesca en su intento de serlo.
Hay elementos de sátira social, al igual que en su anterior 'Dogtooth', pero resulta complicado discernir las verdaderas intenciones de Lanthimos, más allá de desconcertar a la audiencia.
Con su característica distancia frente al material, Cronenberg ha creado una crítica contundente hacia Hollywood, un sistema que nunca ha experimentado su sufrimiento. Destaca la actuación audaz de Moore, quien interpreta a una mujer desesperada con una vulgaridad atrevida.
A Portes lo salva su buen instinto para lo humorístico, su sentido del timing y su habilidad para resolver complicadas secuencias de acción, [sin embargo] no consigue que 'Pastorela' culmine con el tono de delirio buscado. Algo le falta a las acciones climáticas.
Nadie filma como Miller las persecuciones en carretera. La idea de construir una mitología diferente a la de Mad Max tiene potencial, pero la película avanza de manera abrupta y descontrolada.
Es evidente que Garland se ha inspirado en el actual panorama político de su país, caracterizado por una profunda división ideológica, para enriquecer su fantasía. Una postura más clara podría haber aportado un nivel adicional de controversia y, en consecuencia, un mayor interés.
No es tan impactante como The Act of Killing, ya que el caso es conocido y el cinismo de los perpetradores no nos sorprende. Sin embargo, sigue revelando un crimen de lesa humanidad, cuyos responsables permanecen impunes y en el poder.
Miller demuestra que, a pesar del tiempo transcurrido, nadie le gana en extraer espectacularidad cinematográfica de ese choque entre la testosterona, el gusto por la destrucción, el octanaje, la violencia y el exceso.
Con un estilo narrativo distante y frío, impulsado por la música sintetizada de Robert Levon Been, que mantiene al espectador en una especie de trance, Schrader conduce la historia con su determinismo característico.
Este Hamlet, o Amleth, carece de espacio mental para la introspección o la duda. Es tan salvaje como Conan, pero sin la inspiración poética de Rublev. 'El hombre del norte' se presenta como un constante despliegue de testosterona nórdica.
El melodrama resulta excesivamente truculento, pareciendo más una película de arte creada intencionadamente para festivales, sin considerar un público más amplio.
Lástima del estilo primitivo de Parvu, que lo filma todo desde un solo plano de formato ancho, donde acomoda como puede a los personajes que no paran de discutir. Así, el asunto se vuelve tedioso y chato.
Arnold utiliza una cámara en mano que tiembla constantemente, junto con una música incesante de varias canciones, y esto no logra captar nuestro interés en las desventuras de su heroína.