El mérito está en la forma. 'Los destellos' es una película de lenta cocción. Espectadores impacientes, absténganse. No esperen grandes momentos ni revelaciones sorprendentes.
La película presenta una estética sombría que refleja la habilidad de Eggers como director para capturar épocas pasadas con imágenes de gran intensidad. No obstante, su obra carece de la inspiración necesaria para elevarla a otro nivel.
'Un dolor real' se adentra en sus temas sin caer en la predicación. Los diálogos destacan las diferencias de personalidad entre los dos primos, lo que se convierte en la esencia humorística de la película.
Peca de incomprensible. Aunque es una película claramente alegórica, no queda claro qué aspectos de la realidad brasileña se buscan reflejar. Hay abundante música, colores vibrantes, violencia y una notable incoherencia.
'Es tan insípida que evade su filiación genérica. No es ciencia ficción, ni un thriller, pues carece de tensión y suspenso. Además, no existe un sentido de amenaza, y tampoco tiene suficiente humor para ser considerada sátira.
Breillat regresa al cine tras una década, pero parece que no ofrece una perspectiva fresca sobre un tema que ya ha sido explorado en numerosas ocasiones, a menudo con mayor intensidad emocional.
Diwan ha admitido que su referente cinematográfico fue 'Deseando amar' de Wong Kar-Wai, una obra icónica que explora el deseo contenido. Desafortunadamente, no logró alcanzar ese nivel de profundidad emocional.
En el trayecto, la película se desvía de lo fundamental de la franquicia, sacrificando el espectáculo violento que siempre ha destacado. Solo una secuencia, la de Cuba, captura el espíritu divertido al que estamos acostumbrados.
Las actuaciones, incluso en los roles menos relevantes, son sobresalientes. A pesar de que en su tramo final la intriga se hace un poco poco creíble, 'Perdida' logra generar una inquietante sensación en lo cotidiano.
Toca un nervio muy incómodo de manera provocadora, sin recurrir al tremendismo. Es la obra más ambiciosa de Franco hasta ahora, y la desazón que genera refleja su gran efectividad.
A pesar de las expectativas, Tarantino continúa haciendo cine de manera inmadura, como un adolescente que revive sus obsesiones cinéfilas y repite manías que algunos han interpretado erróneamente como un estilo.