Con muy pocas modificaciones, los problemas afectivos de estos seis jóvenes neoyorquinos pizpiretos podrían ser reconvertidos en episodios de 'Cómo conocí a vuestra madre'.
Una película indie cautivadora y compleja que dramatiza el proceso científico, presentándolo como esotérico y seductor, pero también como algo cotidiano y accesible.
Igual que el autor, en sus cómics, descubrió una forma original de honrar los retos cotidianos, Berman y Pulcini presentan un enfoque creativo que se convierte en un descubrimiento formal.
Es emocionantemente original, lírica y sabia, y el director transmite la intensidad mutable del amor juvenil con la originalidad autorizada de un cineasta importante.
El estilo de Anderson es tan fresco, singular y amplio que siempre genera reacciones intensas. El film resulta complejo, está cuidadosamente realizado y está repleto de detalles lujosos.
Sexo ligero e inyecciones raciales han reemplazado a los -más atrevidos- aspectos políticos de la original, un rudimentario clásico de la factoría Corman.
Es entretenido ver a Zeta-Jones atenuar su magnetismo de estrella, pero es una pena que tenga que recurrir a tantos gestos trillados en el viaje de autorrealización de Kate.
No hay nada nuevo en esta producción, lo cual es un gran inconveniente. Además, nada resulta realmente divertido o atractivo, lo que agrava aún más el problema.
El homenaje a Frankenstein y al género del terror en general es excepcional. Se presenta como un caos macabro que, de una manera singular, logra reanimar la esencia de estas obras.
El poder de esta gran historia - en parte comedia, en parte tragedia, en parte sátira y en su mayoría, una obra maestra, está en los detalles. Una de las mejores películas del año.