Demasiado seria para ser una parodia y demasiado estúpida para ser una película viable de acción, 'Lockout' flota como la basura espacial en la última frontera.
Un homenaje inesperadamente sincero a las impresionantes responsabilidades del ejército actual de los Estados Unidos, además de al heroico trabajo de los veteranos que llegaron antes.
¿Por qué es tan cursi? ¿Por qué luce un aspecto tan horrible? ¿Por qué los diálogos son tan torpes, las escenas tan inconexas y los personajes tan falsos?
El casting resulta inusual y poco convencional, casi alcanzando lo ridículo. Sus observaciones sobre el privilegio, el resentimiento, el dinero y la clase son ruidosas, pero carecen de claridad.
La mejor versión de Annaud se presenta al recrear el exotismo sereno del Tíbet. El crecimiento espiritual de Harrer junto al joven líder budista se narra más que se experimenta.
Está tan plagada de tópicos de género, así como de artificiosidad en la dolida actuación de Reeves, que cualquier apariencia de realidad social sale mal.
La película se presenta como un intenso conflicto marital y un frío debate político, una especie de "Guerra y Paz" en un entorno doméstico. Es un drama histórico que resulta enormemente entretenido.
El estilo nervioso de este moderno western, con su inquietante e insinuante banda sonora, es tan efectivo que mucho después de de que Pitt y Affleck hayan abandonado la pantalla, la perturbación emocional permanece como el humo de un revólver.
Es la obra de una directora madura que se ha identificado y desarrollado un nuevo vocabulario cinematográfico para definir a una nueva camada de mujeres postmodernistas.