'Pantera Negra' se puede considerar el equivalente al enfoque de DC dentro del universo Marvel. Sin embargo, se presenta de manera impecable, equilibrando la seriedad con una construcción intelectual fluida.
En 'Cars 3', el proceso de renovación de su concepto parece tardar demasiado, como si desprenderse de la fórmula que hizo famosa a 'Toy Story' y encontrar su propia identidad resultara ser una experiencia traumática. Cuando finalmente parece que 'Cars 3' toma un nuevo rumbo, la película llega a su fin.
'Rogue One' comprende perfectamente la historia que está narrando y las coordenadas en las que se sitúa. Asume riesgos, y esa es la mejor decisión que podría haber tomado la factoría de Star Wars.
Por su tono delirante y estructura líquida, el filme podría considerarse un contrapunto de Marvel. Lo recomendable es abandonar prejuicios y entregarse al goce. La más acabada experiencia sensorial que haya dado el cine mainstream en años.
En 'Trolls', el discurso sobre la felicidad se adentra en un territorio cínico. El bienestar se presenta como una especie de magia instantánea, reminiscentemente similar a lo que promete una pastilla de éxtasis.
Segura encuentra en cada escena algún gesto novedoso para dotar de humanidad a su personaje. Peretti y Torres están en un registro cómodo y efectivo, pero quien convierte líneas de diálogo precarias en oro gestual, es Santiago Segura. Por él quedan justificadas estas dos horas de metraje.
Aún con desaciertos productos del fervor panfletario del director, 'Yo, Daniel Blake' es una obra seductora y amarga que entabla puentes de empatía y desvanece prejuicios.
Sortea con humor y desfachatez la densidad de una obra teatral de profuso diálogo, y logra una película fresca que explora en la lealtad de tres amigos.
Reclama su éxito en una constelación de detalles atinados que se rehúsa a ser la sumatoria de sus partes. Sí: entretiene y agrada. Sí: se olvida a la brevedad. La película lo sabe y guiña un ojo.
Es elocuente que la 'Aladdín' de Guy Ritchie encuentre su único momento desenfadado tras la leyenda “The End”, cuando ya desligado del clásico animado, homenajea a Bollywood con una coreografía. El triunfo del sinsentido, no obstante, es apenas una limosna.
Cada diálogo parece desconectado de la acción en pantalla, mostrando una torpeza entre la evocación visual y la necesidad de transmitir información. Gran parte de la falta de interés se debe a la desorientación actoral de los protagonistas.