La apática realización de Allen, que parece la desganada ilustración de un guión reciclado de alguno de sus viejos cuentos, termina confundiéndose con el desvaído espíritu de su protagonista.
Nueva sátira social, con dosis aún mayores de cinismo y misantropía que las de su film previo. Östlund privilegia la irrisión y un humor que en su nuevo film se vuelve escatológico.
Queda clara la intención de entroncarse en un modelo narrativo que fue exitoso y aspira a volver a serlo, esa construcción no deja de ser a su vez un déjà vu, una nueva vuelta atrás para el cine argentino de alto presupuesto.
Una fábula optimista y luminosa, a pesar de la seriedad de su temática. Se trata, como es habitual en su estilo, de una película llena de nobleza, ternura y humor. Además, presenta una poesía que, aunque austera, resulta igualmente expresiva.
Triste y a la vez divertida, ligera y al mismo tiempo profunda, la nueva película de Denis quizás no esté a la altura de sus obras maestras, pero es cine del mejor nivel.
Es notable la manera en que Puiu, al igual que en 'La noche del señor Lazarescu', logra primero sortear y luego trascender los peligros del costumbrismo, alcanzando así un estado de intensa melancolía.
La sorpresa constante, los cambios de tono y los giros inesperados del guion son siempre naturales y espontáneos. Esto convierte a Toni Erdmann en una película sumamente singular.
El director de 'Secretos y mentiras', un observador constante de la clase media británica, explora nuevamente dos de sus temas más recurrentes: la familia y las huellas que deja el inexorable paso del tiempo, no solo en el cuerpo, sino también en el alma.
En 'Yannick', Dupieux ha abandonado los chistes absurdos para desarrollar una idea que da lugar a una dramaturgia coherente y bien elaborada, lo cual se alinea perfectamente con el núcleo de su nueva película.
Con una serie de pequeños apuntes brillantes, la nueva maravilla del director de "Mayúscula imprenta" da cuenta de la verdadera obscenidad de nuestra época, que no está en un video porno casero, sino en el capitalismo desenfrenado.
Extraordinaria en muchos sentidos. Como es habitual en el cine de Porumboiu, la seriedad con la que el director aborda las situaciones más absurdas recuerda la rica tradición existente en la dramaturgia rumana.