La dirección de Leonora Lonsdale destaca por su firmeza y confianza, logrando ofrecer giros inesperados y elementos intrigantes, además de conseguir interpretaciones notables de los actores.
No creo que estemos a la altura de Russell T. Davies. Su talento, generosidad y su alegría contagiosa son algo extraordinario. Su disfrute por la vida es innegable.
Una perspectiva del relato de Dickens que indaga en la melancolía de esta época, resaltando a aquellos corazones desdichados que, a pesar de su tristeza, descubren destellos de alegría y se cuestionan sobre quién realmente merece experimentar un poco de felicidad.
Es como 'Line of Duty' pero en su versión más intensa y de mayor calidad. Cada episodio ofrece una hora de narrativa sobria y precisa, sin un solo plano desperdiciado.
Delicada, compasiva y emotiva. Lo más impresionante e importante es que el primer episodio es muy cuidadoso a la hora de crear una familia creíble y adorable.
No logra desprenderse de la influencia de la serie original. Un show que provoca sensaciones de impotencia y desesperación no es lo que la audiencia busca en este momento.
Inteligente, ambiciosa y anárquica. Todas las interpretaciones son excelentes, pero Brown como Dante, en su primer papel protagonista, brilla con luz propia.
Una aspirante a cantante enfrenta desafíos en su camino hacia el éxito, el amor y diálogos que apenas se sostienen en un drama repleto de exageraciones y sin sustancia.