Una comedia triste. En todos los sentidos de la palabra. Sin alma, sin una historia que contar, sin aliento. (...) Allen se limita a dejar que los personajes circulen por sus obsesiones.
Comedia dramática que explora la condición femenina, la soledad y la ardua tarea de sobrevivir a uno mismo. Con un enfoque desdramatizado, incluye incluso dos huevos duros. Los diálogos son complejos y se presentan en una serie de situaciones poco probables. Aunque es una propuesta arriesgada, no logra acertar del todo.
Simpático y fresco ejercicio de astucia. La relación de pareja en el centro de un tiroteo cruzado de guiños y codazos cómplices, de la mano de un guión que exibe un prodigioso oído para cazar imposturas de jóvenes insatisfechos.
Larraín examina el legado del dictador a medio siglo del golpe de Estado con una visión clara de la farsa, reflejando una seria rigidez ante el disparate. Es una obra salvaje y desinhibida, que se siente alegre en su profunda y divertida desesperación.
Es un material altamente inestable que solo requiere de una actriz profundamente inquietante. Y aquí, Huppert muestra una sustancia adictiva que convierte cada uno de sus trabajos en una amenaza semántica.
Con un gesto tan auténtico como punzante, la película se adentra en un panorama desolador que refleja la vida misma. Es contundente en su claridad y efectiva en su dramatismo.
A un lado la confusión de un final necesariamente confuso, por el camino queda la brillante interpretación de Roman Duris y la soltura de una cinta tan desenfadada como irresistible
Se ahoga en su propia desmesura. Un drama familiar desgarrador, unas interpretaciones entregadas al límite. Se nota demasiado la artificiosidad de una propuesta más pendiente de la estrategia comercial que de cualquier otra cosa.
La cinta es una auténtica bomba contra cualquier amago de optimismo. Y eso viniendo de un griego es mucho. Tan brillante como desoladora. Pocas veces se disfruta tanto las ganas irrefenables de suicidarse. Así de salvaje.