Ana Díez inicia su carrera como directora con una obra que destila valentía al abordar el complejo tema de 'la cuestión vasca'. Este drama, sin eufemismos, ofrece una representación auténtica y precisa de la realidad que rodea este conflicto.
A un lado tópicos y trucos, queda una brillante descripción en modo thriller del virus que siempre llevamos dentro. Cualquier parecido con 'Parásitos' además de casualidad, es oportuno.
El 'western' se presenta sin armas, liberándose de su habitual y desgastada obsesión por la masculinidad. Fastvold ofrece una visión innovadora que desafía las convenciones de una tradición cinematográfica antigua y polvorienta.
Una serie de época que combina elementos de 'thriller'. Una experiencia televisiva sin igual. Es cine en su máxima expresión. Rodríguez utiliza con maestría las herramientas del género para tejer un relato que te atrapa al borde del abismo.
La comedia que todos deben ver. La verdad es que no hay en el horizonte algo tan malo. Esa es su trampa, que a la vez se convierte en su única forma de liberarse. Es imposible expresar algo acertado acerca de este espectáculo.
El tono ligero y cautivador de esta película desafía cualquier intento de clasificación, lo que provoca una extraña atracción hacia el vacío y una pomposidad en la inconcreción, dejando todo en una metáfora cruda que carece de referencia y significado.
Carax deslumbra y vuela con 'Annette', una comedia musical turbia e ingrávida. La cinta en ningún momento abandona su estado de ensoñación magnética, de sonambulismo bañado en ácido.
Entretenimiento retroposmoderno lleno de alegría y simpatía. Podría considerarse como tardofutumoderno o incluso recontrafeminista. Sin ningun tipo de complejos, los que se sienten incómodos en esta ocasión somos nosotros.
Es una de esas películas que bendicen los descubrimientos y los asombros. Tan sabia, triste y reveladora, es una brillante provocación que supera lo hiperreal.
Tres horas de cine perfecto que se sienten como una ráfaga de intensidad. La belleza es, en ocasiones, abrumadora. Nunca habíamos presenciado algo así. Es, sin duda, una obra maestra.
Perfecta. [Levinson] acierta a desnudar el drama hasta la más evidente de las carcajadas. el actor se entretiene en divertirse, en ridiculizarse, en entregarse desnudo.
Una película claramente mediocre. Parece que en 'No me llame Ternera' se prioriza resaltar la inocencia del que pregunta por encima de la culpabilidad del que responde.
Una de las mejores películas del conflicto palestino-israelí. El mérito consiste no sólo en hacer el relato verosímil, sino en hacerlo dejando el espacio suficiente entre la pantalla y el espectador para la reflexión.