Los balbuceos pseudo-filosóficos interfieren de manera notable en el desarrollo de la historia. La ostentación visual de la obra, en comparación, se siente tan arbitraria como ingenua y, en ocasiones, se vuelve simplemente ridícula.
Deslumbró en el Festival de Venecia con un elaborado avance que combina diversas técnicas de animación. Las escenas aéreas son verdaderamente espectaculares.
'Zonda' brilla en la pantalla con una intensidad ardiente. Los diversos números musicales se entrelazan de manera visual, fluyendo uno tras otro, en una narrativa silenciosa que refleja la esencia del mundo. Tiene un aire poético, y realmente lo es.
Recrea el latido desenfrenado, alegre, lúdico y dramático de la gran comedia italiana. Una invitación al caos en donde cada actor brilla, impregnados de la tragedia cálida que traen consigo las numerosas derrotas sufridas.
Pertenece a ese raro tipo de cine que se disfruta más en movimiento. No permite pausas. Es difícil no verse reflejado en los aspectos más triviales y absurdos de los gestos mostrados.
Una patada en la retina. La sensación que deja es perfectamente física: la boca seca y un agudo dolor de huesos. La perfecta radiografía de la miseria.
Un espectáculo cargado de pasión y caos, que parece haber salido de un programa de telerrealidad. Es melancólico y, lo más inquietante, excesivamente ruidoso.
Kiarostami, en su intento de emular a Roberto Rossellini, logra un resultado impresionante. Se trata de una obra que resplandece, donde el cine mismo brilla en un ejercicio de autorreflexión que es tanto placentero como excepcional.
Es estruendo y desafuero. Solo en los momentos en los que las interpretaciones se relajan y se desnudan de gestos desmesurados, la cinta logra transmitir la emoción que busca, aunque lamentablemente no se puede apreciar del todo.
Es una obra sumamente atractiva y provocativa. A pesar de que el desarrollo es inquietantemente pausado y se encuentra constantemente al borde del abismo, hay momentos en que puede resultar desalentador.
Una verdadera obra maestra del cine. Las actuaciones son casi perfectas, y el último relato, que se desarrolla en una sencilla conversación dentro de un taxi, vale cualquier reconocimiento. Rara vez una declaración de amor ha causado tanto impacto emocional. Simplemente, magnífico.