Una fábula que eleva la animación española. Herguera transforma su debut en un hermoso lienzo de texturas y colores, creando sueños animados que trascienden la pantalla.
Una fría, calculada y feroz disección de una sociedad tan perdida como el niño del título. Sin duda, un ejercicio de dirección tan sensible como enérgico.
Un drama pausado, meticuloso y profundo que refleja las fisuras en la pantalla provocadas por su delicada puesta en escena, permitiendo que la vida se entrelace con la narrativa.
A pesar de carecer de enfoque, la película logra, en ciertos momentos, convertir su falta de coherencia en una justificación para causar impacto. Es intensa en su caos.
Tutberidze ofrece una narrativa coherente y consistente, manteniendo un enfoque claro en cada escena. El drama se desarrolla con precisión y efectividad, aunque no profundiza en elementos adicionales más allá de lo necesario.
Una delicada y elegante maravilla que sin inventar nada, alejando de sí cualquier amago de originalidad, consigue colocarse en el sitio correcto a la hora adecuada. Imposible no emocionarse, impensable no estar de acuerdo.
Oliveria crea un poema delicado, con una apariencia ingenua que esconde una fuerte carga emocional, reflexionando sobre el amor y la muerte. Su espiritualidad es a la vez dulce y esencialmente física.