Brian De Palma retoma el estilo de Hitchcock, aunque no logra alcanzar su maestría. Sin embargo, este tributo encubierto a 'La ventana indiscreta', aderezado con elementos eróticos, resulta entretenido.
Un prodigio de geometría sentimental. De forma tan delicada como profunda, tan divertida como grave, 'Volveréis' se antoja un raro milagro de poética de lo cotidiano.
Luminosa, radiante y feliz, esta película es un delicado ejercicio cinematográfico que refleja tanto la vitalidad como una profunda enfermedad. Cada instantánea de la cámara de Claire revela un cine que se transforma constantemente, nunca es el mismo, siempre perfecto.
Un ritual peculiar que oscila entre lo sacrílego y lo frustrante, mientras que en ciertos instantes muestra su grandeza. Se siente más como un acto reverente hacia lo sagrado que como la explosión de un genio en plena actividad.
Comedia que busca profundizar en temas más serios y complejos, lo que puede resultar abrumador. La actuación de Hershey se siente eclipsada por el exceso de una pareja que se deja llevar por su propia intensidad.
La primera parte de la película, mientras dura el efecto sorpresa, logra cautivar en ciertos momentos. Sin embargo, rápidamente se convierte en una narrativa autocondescendiente que resulta incómoda y decepcionante.
Screwball que sigue los patrones clásicos. Un ingenio por la cantidad de personajes liosos y complicados en sus enredos. Los diálogos, aunque a veces carecen de ritmo, presentan actuaciones que resultan memorables.
Coppola reinventa la emblemática figura de la vigilante de la playa, trasladándola desde un mito machista a uno más neutro, en una propuesta que resulta a la vez clara y acogedora, pero también carente de cierta intensidad dramática y profundidad psicológica.
El director interrumpe su impecable progresión. El gesto desmedido, la falta de control y la actitud condescendiente hacia el espectador arruinan por completo el interesante, provocativo y arriesgado punto de partida.
Un inteligente y muy emotivo laberinto en el que el pasado y el presente juegan a confundirse. Destaca por las interpretaciones, así como por la acertada representación de la ineludible enfermedad que puede ser la familia.
Schimberg crea una obra divertida y perturbadora que desafía los prejuicios. Renate Reinsve brilla en su papel, Stan aporta humor, y Adam Pearson cautiva con su encanto.
Allen logra un logro notable al crear una obra completa que, a través de sus singulares neurosis, combina dudas, romances y risas, conectando con una audiencia diversa.
Edwards presenta una historia que combina diversión y desencanto, donde los diamantes representan la insatisfacción. La atmósfera de la película la sitúa entre las obras esenciales que no se pueden dejar de ver.
Una comedia romántica sumamente atemporal, que destaca por su elegancia y su minimalismo impresionista. Su carácter irreal puede sorprender, pero logra cautivar al espectador con su singularidad.
Cher es una mujer viuda que se enfrenta a una elección entre la estabilidad que ofrece Aiello y la emocionante incertidumbre que representa Cage. La película se desarrolla como un vibrante retrato costumbrista, cuyo atractivo se ve potenciado por actuaciones excepcionales.
Cada línea del guion se preocupa más por aparentar inteligencia que por ser verdaderamente inteligente. La película se centra tanto en sus objetivos que pierde de vista lo que realmente debería ser.