Arancibia despliega eficacia, franqueza y contundencia notables para contar una historia intramuros silenciosamente repetida en todas partes del mundo.
Escarceo, búsqueda y asedio, reconocimiento y aceptación mutua, rechazo familiar y el consecuente ostracismo, componen una trama teñida de un optimismo que quizá se corresponda poco con la realidad.
Todo para bien, pues la tripleta protagonista del filme rezuma verosimilitud: comenzando por uno de los casting más acertados en tiempos recientes para una película mexicana, y concluyendo en el modo extremadamente particular que suele tener toda cofradía juvenil.
Una historia sobre dentistas sin un asidero claro y con una realidad que parece más bien salida de la mente del guionista, C. Cuarón. Resulta increíblemente maniquea, plagada de estereotipos burdos y, en ocasiones, se siente tristemente autorreferencial.
Boyle fue consciente de que la autonomía de la segunda parte era fundamental para su reencuentro, tanto fílmica como temáticamente. Esto significa que T2 no requiere ver la primera entrega para ser comprendida narrativamente ni apreciada emocionalmente.
¿Qué pretenden los perpetradores de 'Guatdefoc', digo, además de ganar dinero? Si era simpatía, no lo consiguieron. Si era brindar “entretenimiento”, cabe lamentar que alguien halle divertida esta apología ¿involuntaria? de ese turismo gringo.
De voluntad amable, el relato no se complace en hacer escarnio de su protagonista; muy al contrario, lo que busca es inspirar simpatía por él y lo consigue por medio de los personajes secundarios. Puede valer como alegato a favor de la inclusión sin reservas.
Diego Luna y su coguionista Augusto Mendoza confunden la visión romántica con una trama complaciente. Los conflictos presentados a lo largo de esta road movie, en realidad, no son conflictos significativos. Además, parece que buscan generar un desenlace feliz o conmovedor, aunque en el fondo se siente como un mero recurso sensiblero.
La decisión formal de Del Amo implica un cambio radical en comparación con la novela, pero la apuesta ha sido exitosa. El resultado final presenta a un Filiberto diferente al interpretado por Bernal, pero igual de entrañable.
Dos decisiones de Cravioto fueron arriesgadas: emplear la técnica de “pintado superpuesto” a la acción real, y soltar la historia justo cuando la lluvia de balas habría de comenzar en Tlatelolco.
La cinta es al mismo tiempo un homenaje afectuoso al thriller policíaco, ese género en el que Redford y otros actores insoslayables de su generación sustentaron en buena medida su fama.