Tiene elementos oníricos y otros de pesadilla, y funciona como una buena alternativa al gancho de 'basado en hechos reales' que ofrecía la película original.
La trama carece de coherencia, pero lo relevante son los personajes y sus trayectorias emocionales. Sin embargo, la película no logra desarrollar adecuadamente estos aspectos.
Es una película que primero busca ser una obra cinematográfica y luego se convierte en un sermón. Tal vez ayuda que este sermón fue realizado hace una década. Gunn no es Fincher, pero al apuntar alto, logra elevar la película.
Tiene buen aspecto y los actores principales lo dan todo. El problema está en la historia; podrías quitarle sus buenos 20 minutos y no se perdería mucho.
La pregunta es si esto será una experiencia buena o interesante para alguien... y la respuesta es que quizás sí lo sea para la audiencia a la que va dirigida.
Ben Hall podrá ser un héroe popular australiano, pero este intento serio de hacer un biopic históricamente preciso no lo demuestra. Aun así, es un wéstern australiano aceptable.
Durante la primera media hora, Netflix presenta un concepto prometedor. Detente a pensar en lo que podría ser el desenlace: seguramente lo harás mejor que lo que idearon Barris y Hill.
Su pésimo guion apenas constituye un sustento. Kevin Hart y Woody Harrelson carecen de la química y de la autenticidad geográfica necesarias para levantar esta comedia.
Una carta de amor a Reynolds que consigue adorarle sin caer en el sentimentalismo, entendiendo que revelar sus defectos, en lugar de divinizarle, genera un retrato más completo y rico.
Su terror funcionó conmigo. Hace bien su trabajo y además su historia es lo suficientemente interesante para pasar por alto algunos detalles anticuados.