Esta telenovelesca oferta nacional se asemeja más a un capítulo de 'La Rosa de Guadalupe' que a un esfuerzo cinematográfico a causa de los problemas de producción, su superficialidad narrativa y la falta de comunión de sus miembros.
Reivindica reputaciones y rinde homenaje a quienes lo merecen, pero sobre todo, ofrece una defensa apasionada de la identidad personal, como diría Álex Grijelmo.
Es el menor de los trabajos de Ben Affleck como director y ni siquiera el buen elenco que lo respalda logra salvar el filme. La historia, en varios momentos, se queda estancada y la fuerza inicial se pierde.
Comienza muy bien, introduciendo adecuadamente cada una de las piezas que eventualmente cobrarán relevancia en la trama; lamentablemente, de la mitad hacia adelante el filme pierde ritmo y se siente exagerado en los detalles.
Gary Oldman es una fuerza de la naturaleza y el verdadero protagonista de la película; es posible que un Oscar esté en su futuro. Su presencia en pantalla es simplemente magnética.
Convierte una tragedia familiar en un melodrama sentimental, donde a través de la manipulación se logra conmover a la audiencia, al mismo tiempo que se explota de manera excesiva la nostalgia de un icónico personaje infantil.
Aunque esta producción francesa retrata a Yves Saint Laurent en diversas facetas, gran parte de la película resulta anticlimática y el desinterés hacia el abrupto final se vuelve insostenible.
El filme presenta destellos de suspenso que no terminan de materializarse; son solo indicios que quedan sin resolver y afectan la credibilidad de los acontecimientos. Además, las actuaciones son rígidas y la dirección, tanto actoral como de cámara, resulta plana y distante.
Pero por encima de la estructura del filme, decisión que lo vuelve más enigmático, misterioso e interesante, los verdaderos diamantes son sus actores: Annette Bening como la legendaria Graham y Jamie Bell.
Si bien cae en lugares comunes y predecibles o presenta algunos tropiezos rítmicos, 'Polvo' es una puesta enriquecida por su tono coloquial y la naturalidad de su elenco.
Tras la recreación del terremoto del 85, la segunda película de Kuno Becker como director cae en una espiral negativa: las tramas resultan predecibles y se suma una subtrama de corrupción que no aporta, reduciendo a los personajes a arquetipos maniqueos.
Con todo su carisma, la película presenta pocos elementos dramáticos y narrativos que la distingan de sus variados precedentes. El guion resulta genérico y carece de creatividad.