Pese a las pequeñas nimiedades, el bien escrito guion ratifica una vez más cómo los Secretos de Estado muchas veces se pagan con sangre, como ocurrió a principios de este siglo en Irak.
El tratamiento de McNamara resulta superficial en su presentación de los personajes y sus realidades. Al final, se convierten en personas reales limitadas a estereotipos.
Pese a ser respetuosa en el tratamiento de la figura de Jesús, no logra transmitir completamente la influencia que su protagonista tuvo hace más de 2,000 años.
Un desproporcionado ejercicio mercadológico sobre el país. Si tan solo la película hubiera logrado equilibrar adecuadamente su faceta crítica con su elemento romántico. Este no fue el caso y solo nos queda imaginar lo que pudo haber sido.
Un thriller dramático muy relevante que aborda temas importantes a través de una narrativa intrigante. Con toques de humor negro, la historia gira en torno al crimen, manteniendo al espectador enganchado desde el principio hasta el final.
Es una revancha emocionante, aunque algo desgastada, que logra mantener al espectador al borde del asiento durante los combates cuerpo a cuerpo, y esa es su mejor cualidad.
A medida que avanza la película, se revelan varias fracturas en la narrativa e inconsistencias, tanto en el tono de comedia como en su argumento exagerado.
Portes presenta una crítica contundente. Dibuja una narrativa caricaturesca en la que la impunidad, el crimen, la política, la iglesia, los festivales de cine y el género 'de arte' se transforman en agudas observaciones, algunas más efectivas que otras.
Mezcla de un terror más oscuro en comparación con sus antecesoras, una animación deliberadamente más lóbrega y una reducción del tono cómico, esta entrega se presenta como la más depurada de la serie.