Pasan cosas, a veces ridículas e irritantes, a veces efectivas y sorprendentes. La presencia vívida de Pattinson y su voz en off íntima ayudan a una película que parece que está al borde de la desintegración.
¡'Star Wars: The Last Jedi' es verdaderamente buena! Un entretenimiento satisfactorio y por momentos fascinante. De manera remarcable, tiene ingenio visual y un toque humano.
Uno de los placeres de esta aventura alocada es que la historia se mantiene sólida gracias a los momentos en los que los cuatro viajeros espaciales discuten sobre temas absurdos.
La película es económica y sólida. El Sr. Eastwood demuestra ser excelente en su labor, aportando a la película una tensión notable y un tono autobiográfico.
Puede que ver a Jessica Biel moviendo su trasero con Corea del Norte como telón de fondo no sea la imagen más ridícula de esta temporada, pero está muy cerca.
Lo único marginalmente interesante, aunque poco sorprendente, sobre este caro spin-off del viejo show infantil televisivo 'Land of the Lost' es que se han gastado un montón de dinero en otro desperdicio cultural.
Un drama de época conmovedor. Meise y Reider evitan caer en discursos pomposos o exagerados; no hay etiquetas llenas de historias enciclopédicas ni banderas triunfantes.
Es seria, respetuosa, gravemente melancólica. Con todo, la ira es lo que que mejor describe mejor la atmósfera de la película, su estado de ánimo general y su tono de autor.
Está muy bien ejecutada y técnicamente es impecable, con planos precisos de Edward Lachman que abstraen y deshumanizan lo urbano. La película cae en la banalidad.
Los personajes están poco desarrollados y los intentos de Hood de generar suspense fracasan. Sin embargo, Fiennes logra atrapar al espectador con su actuación, elevando la película y el rendimiento del resto de los actores.