Es una sátira nada sutil, pero logra revelar cómo estas teorías conspirativas tan populares, si se asumen al pie de la letra, no son más que desvaríos absurdos.
El primer largometraje de ficción del director Jorge Fontana utiliza un absurdo que recuerda, en cierta medida, al estilo de David Lynch, para retratar con humor negro las peculiaridades de la globalización contemporánea.
Aunque la premisa pueda parecer complicada, la película la aborda con tal maestría que cada detalle de la ambientación, el sonido, las actuaciones y la música se disfrutan plenamente. Lo que podría considerarse un defecto se convierte en parte de su encanto.
Manejando el suspenso con gran cuidado, y con guiños al cine de miedo y a 'Mi pobre angelito', es una adición refrescante al catálogo de los psicópatas inesperados.
A pesar de la abundancia de melodrama en la trama, los personajes principales responden con una notable serenidad. La forma en que la cámara capta sus acciones aporta credibilidad y hace que la experiencia sea placentera.
La carrera de Nicolas Cage parece seguir un camino de declive con esta película de venganza que carece de originalidad y no ofrece nada que valga la pena destacar.
Con ecos de la estética entre lujosa y sórdida de Jeunet y Caro, y combinando de manera ecléctica actores con imágenes generadas por computadora, esta obra se convierte en una profunda reflexión sobre la relevancia de la amistad, la inteligencia y la integridad.
Sorprende por lo que contenido que es. Los enfrentamientos son emocionantes, pero resuena la visión de la eternidad que enfrenta el espadachín, y que tiene más de condena solitaria que de alegría y regocijo.
Recreación en clave de Hollywood de la animación japonesa clásica de 1996, con abundantísimos efectos especiales y una notable reducción de la angustia existencial.