Es más que un rescate emotivo. Lo que a primera vista podría verse como una secuela en clave de homenaje a la trilogía de 'Karate Kid' funciona en los hechos como una de las mejores reivindicaciones del espíritu del cine de los 80 llevadas a la actualidad.
El mayor mérito del relato reside en la elección de un tono sobrio y recatado para narrar la tragedia, así como en el exacto vínculo que se va estableciendo entre dos personajes muy distantes que se esfuerzan por entenderse.
Desprende un mensaje previsible en favor del equilibrio ecológico, presentando una aventura amable, entretenida y, en algunos momentos, espectacular que podría proporcionar certezas sobre el futuro de la animación.
La repetición de la fórmula sin explorar nuevas direcciones o innovaciones resulta poco interesante. El relato clásico, con sus giros y su conclusión didáctica, cumple bien con su propósito para el público al que va dirigido.
'Cars 2' continúa de manera impecable la narrativa sugerida en el final de la primera película, así como sus implicaciones más allá de la pantalla. Se trata de una historia sin interrupciones, claramente la más ambiciosa y ruidosa de toda la exitosa trayectoria de Pixar.
El realizador Letelier parece desentenderse de los asuntos fundamentales y de las razones que llevan al semidiós Perseo, hijo de Zeus, a emprender un viaje para rescatar la ciudad maldita. En cambio, su atención parece centrarse únicamente en el uso de los efectos visuales.
El divertimento se agota rápido y todo se limita a mostrar del modo más llamativo posible cómo todos estos animales bien adiestrados son capaces de hablar mientras los escasos actores de carne y hueso quedan totalmente desaprovechados.
El film presenta, sin sutilezas y con una notable falta de humor que los más pequeños extrañarán, un claro mensaje ecológico. Este mensaje es más contundente que el desarrollo de los personajes.
Campanella pone en juego con familiaridad, conocimiento y astucia las múltiples piezas de un amplio tablero. Quien haya visto 'El secreto de sus ojos' encontrará aquí reflejos precisos de aquel planteo.
Un relato disfrutable como entretenimiento y lleno de poesía cada vez que Spielberg regresa al lugar en el que se siente más seguro y protegido: el refugio familiar.
No siempre es una película inspirada; se siente más impersonal que las mejores obras de Linklater. Sin embargo, ofrece una dosis suficiente de empatía hacia lo que viven y sienten cada uno de los personajes, lo que nos permite disfrutarla.
La décima película, punto de partida de una trilogía final, se apoya en lo mejor de la propia historia de la saga para concebir una aventura intensa y muy disfrutable.
Un fallido relato sobre personas que tratan de superar la adversidad es un paso atrás en la carrera de Melfi, que venía mostrando en sus películas anteriores una genuina sensibilidad.
Entretenimiento, asombro y un disfrute genuino que superan cualquier inverosimilitud. La pérdida irreparable de Walker se sentirá profundamente, pero no detendrá el avance de Rápidos y furiosos.
Peele combina obsesiones, interrogantes y influencias de forma tan aleatoria que a menudo nos hace perder el rumbo y dificulta la comprensión del núcleo de la historia.
Sin perder el espíritu de la comedia familiar convencional, el film se propone rescatar a los perdedores, reivindicar cierto comportamiento animal por parte de los humanos y cuestionar desde allí la trivialidad de los excesos en el lujo y la sofisticación.