Portabella pretende ir más allá de su objeto de estudio, al explorar reflexivamente el impacto de la música en la reducción de los prejuicios sociales.
Tiene una historia interesante y una espectacular fotografía en blanco y negro, registrada en Súper 35 mm, que aprovecha al máximo la grandeza de la pantalla de cine. Cada imagen tiene una calculada belleza, que remite a las fotografías de los antiguos exploradores del Amazonas.
La película destaca en aspectos donde muchas otras de su género han dejado mucho que desear. Su éxito radica en una dirección magnífica, diseñada para el cine, un guion brillante y un elenco que muestra una conexión excepcional.
Tiene momentos destacados y un ritmo acertado, pero su estética carece de sofisticación. El uso excesivo de drones, efectos CGI evidentes y una fotografía poco inspirada juegan en su contra.
El guión de La reencarnación resulta confuso, con explicaciones pseudocientíficas y giros finales que complican aún más una narración que ya parecía condenada desde el principio.
Si una secuela es inevitable, esperemos que en la próxima haya más de la villana interpretada por la grandiosa Elizabeth Banks y menos del PNT de una marca de donas.
Uno de los mayores logros de la película radica en su acertada puesta en escena y en las excelentes actuaciones, que producen una reflexión profunda sobre el costo de la libertad personal, a la vez que resaltan su valor inestimable.
Se supone que estamos ante una película de terror, pero el film no provoca más que algún mínimo sobresalto. (...) Cuando la trama se torna más dramática el film se vuelca al ridículo.
Cuenta con una protagonista ideal, que combina talento actoral con la presencia de una estrella de cine: Natalia Oreiro. La actriz aporta energía, carisma y la vulnerabilidad suficientes en su interpretación para que su personaje resuene con el espectador.
Tener a Nicole Kidman como protagonista y una producción de gran envergadura elevaron la habilidad de Kusama para tejer una historia que no solo es inteligente en su trama y desarrollo de personajes, sino también visualmente impactante.
El film muestra una mezcla de diversas interpretaciones del guión. En ciertos momentos refleja una reflexión sobre el tiempo, aunque luego parece volver atrás en esa idea.
Reescribir la historia en el cine resulta un ejercicio intrigante que nos hace reflexionar sobre cómo habrían cambiado los acontecimientos si hubieran tomado un rumbo diferente. Sin embargo, en 'No llores por mí, Inglaterra', esa promesa inicial no se explora del todo.
A pesar de tener algunas escenas bien realizadas, la película no logra generar el suspenso necesario para cautivar a la audiencia o provocar miedo. El inconveniente radica en la elaboración de personajes y una trama que se sienten muy simples y poco profundas.