Ejercicio estilístico capitular que mezcla color y mucha verborrea, es la película más Wes Anderson de Wes Anderson. También para lo malo, porque lleva al paroxismo las idiosincrasias de su comedia sofisticada.
Dispone de los elementos perfectos para ser un éxito en plataformas. Su trama es llena de acción y cuenta con un presupuesto considerable. No obstante, presenta fallos, entre ellos, la falta de originalidad.
El trabajo de cada espectador consiste en intentar enlazar la multitud de conceptos que Coppola expone en un monólogo que resulta desconcertante. La idea de que toda utopía se convierte en su propio colapso se repite a lo largo de 'Megalópolis', evidenciando esta premisa.
La postura de Solanas es evidente y no oculta su opinión, aunque muestra un sesgo al seleccionar los testimonios. El mensaje reivindicativo pierde fuerza debido a una realización demasiado convencional.
El principal problema radica en la constante trampa de la propuesta. Además, el funcionamiento del artefacto narrativo presenta falencias. Sin embargo, la película destaca en su aberración, donde logra ofrecer momentos interesantes.
El inicio de Paz Vega en la dirección es impresionante y seguramente sorprenderá a muchos. Ha demostrado tener la habilidad necesaria para no solo realizar una película, sino para crear una película de calidad.
La propuesta de Audiard es desconcertante y extraña, singular e innecesaria. Sus momentos grotescos y disparatados logran captar la atención de una manera sorprendente, siendo comparable a un unicornio desbocado en un espectáculo de doma clásica.
La puesta en escena es sin duda la más elegante del más reciente trabajo de Almodóvar. Los encuadres, el vestuario excepcional y una fotografía sofisticada crean una atmósfera envolvente, complementando una película llena de intrigas y referencias.
Uno de los grandes aciertos de la película es la apuesta por un montaje no lineal. La narrativa se vuelve más intrigante a medida que avanza, mostrando así un enfoque más sorogoyonesco. Sin duda, se perfila como una de las películas más destacadas del año.
Una comedia prefabricada y carente de esencia, que carece de los matices necesarios. No posee la chispa ni la acidez de una verdadera obra subversiva, y tampoco logra ofrecer una interpretación que vaya más allá de lo obvio.
Es tremendamente divertida, arranca y no se detiene. La desnudez de la propuesta es el mejor valor de una película con una ambición popular y palomitera.
Mantiene la esencia del cine lleno de acción y esparcimiento, al tiempo que busca reflejar la transformación cultural que la industria del entretenimiento está tratando de validar.
¡Basta ya de este sindiós absurdo! No se vislumbra una mínima pretensión de ofrecer una película interesante o entretenida o mínimamente coherente. No hay un ínfimo esfuerzo creativo.
Los zombis del tren de Busan que te aterrorizaron ahora se sienten patéticos. Se presenta una película agotadora, que carece de profundidad y resulta muy tediosa.