Una película de belleza pictórica tan impactante que merecería estar expuesta en las paredes del Museo del Prado. Además de la destacada actuación de Krieps, es un deleite para los sentidos gracias a su fotografía espléndida.
Un filme poderoso donde late la verdad representa esa manera de hacer cine artesanal, casi casera, que intenta llegar tanto al epicentro de la emoción como a las profundidades de la narrativa visual.
Una comedia con un reparto excepcional, es una propuesta divertida, aunque no alcanza los estándares de los proyectos más destacados de McKay. Se trata de una película amena, con momentos memorables que la hacen entretenida.
La sugestión visual supera a la verbal y la narración se descompone para crear atmósferas que provocan sensaciones, sin la necesidad de seguir un camino claro y directo.
Es una película entrañable, pero le falta esa chispa para convertirse en un título inolvidable. No es el despropósito que algunos describen, pero tampoco es la joya a la que Pixar nos tiene acostumbrados.
Una comedia entrañable. Se trata de una comedia suave, sin estridencias. Elejalde y Auquer logran elevar una película de energía baja, donde todo está en su lugar, quizás demasiado en su lugar.
El director evita lecciones morales en la confrontación entre las libertades individuales, el derecho a la intimidad, la libertad de expresión y el autoritarismo de las instituciones. Nos sitúa permanentemente en el lugar de Carla.
Esta locura divertidísima es la película del verano. A la misma distancia de lo sublime y lo estúpido, el director vuelve con esta comedia descerebrada, absurda y maravillosamente idiota.
Uno de los mejores papeles de Nicolas Cage en los últimos años. Esta película se destaca por ser sorprendente, ingeniosa, original, inesperada y aguda, ofreciendo una perspectiva clara sobre diversos temas.
Por mucho que siga siendo un divertimento gratificante y moderadamente incorrecto, la secuela, sin desmerecer, tampoco aporta demasiado y estira y recicla recursos ya conocidos y predecibles.
Lo que inicialmente parece sugerente se convierte en un discurso pesado y confuso sobre la maternidad limitante y la experiencia de ser hijo en un entorno restrictivo.
Al final se queda en un intento de comedia que se ve arrastrada por los tópicos y lugares comunes y que no acaba de aprovechar las ideas frescas y originales que tiene, porque las tiene.
Divertida, agradable y reflexiva, esta obra retrata las dificultades cotidianas de la comunidad palestina. Sin embargo, opta por centrarse en los buenos sentimientos y evitar en gran medida la política.
Un divertido ajuste de cuentas arranca con una fuerza desbordante, mostrando una potencia visual que poco a poco se deja arrastrar por la languidez del discurso. Este cambio es claramente intencionado y añade profundidad a la narrativa.
El director parece más interesado en asombrar con sus técnicas de montaje y puesta en escena que en permitir que los actores puedan destacar. Se siente como si tuvieran que luchar por captar nuestra atención.
Una película modesta en sus medios pero ambiciosa en su construcción de la empatía del espectador con su protagonista. Es visceral y provoca un mal cuerpo lacerante y sostenido.
El director se atreve a dar rienda suelta al estilo. Sin embargo, Fesser no acaba de rematar. Sus historias dejan una sensación de que si hubiese apretado más, el resultado hubiese sido más penetrante.