Te hace llorar de forma cruda, inesperada y totalmente merecida. Max Lowe ha escalado el Monte Everest del alma, creando un regalo cinematográfico que llega al corazón como pocas películas lo hacen.
McGovern y Richardson destacan por su habilidad para dar vida a sus personajes. Logran que una narrativa de casi un siglo de antigüedad se sienta completamente relevante en la actualidad.
La película hace un buen trabajo al detallar la formidable fuerza que fue McEnroe. Las imágenes de archivo donde se le observa anotando puntos de la manera única que él sabe son completamente emocionantes.