Su ambientación es muy cuidadosa, con bellos e idílicos paisajes de montaña, pero adolece de malas interpretaciones escénicas cercanas a la ridiculez o exageración de contorsionados e irreales giros dramáticos a través del tiempo.
Esta vez, sin necesidad de actuar, la madura estrella masculina ha reconfirmado sus calidades como realizador independiente, concienzudo coguionista y exigente productor.
Su virtuosismo narrativo, con el sello atribuido al realizador mexicano Guillermo del Toro, alcanza las dimensiones de una fábula romántica levemente terrorífica.
Una discreta comedia de trazos conmovedores, con amistades fortuitas regidas por la solidaridad y un espíritu libertario capaz de afrontar intransigencias manifestadas en escuelas y hogares conservadores.
Con una interesante factura documental que recopila archivos noticiosos de protestas callejeras y testimonios de las víctimas, las técnicas de reproducción de la época logran que el espectador sienta la experiencia del día a día, con las imperfecciones propias de tales imágenes.
Aun criticándosele cierto afán melodramático, hay un estudio pormenorizado sobre el desgaste emocional que conllevó la clandestinidad de su relación amorosa. Por momentos, Naomi Watts adopta el arquetipo de todos conocido e igualmente tambalea sin darle los matices necesarios.
Película hermosísima cuya exquisita coreografía, la rítmica musicalización del habitual compositor Shigeru Umebayashi y una ágil sucesión de planos cortos alcanzan niveles realmente sublimes.
Estamos ante una película nacional fresca, alternativa y juvenil. Su fluidez narrativa se acompaña de un estilo neorrealista y una poesía tribal que resulta revitalizante en el contexto del posconflicto. ¡Bravo!
Brota una forzada historia de amor. Los personajes secundarios están tratados con un sentido humano e integridad; además, la fotografía digital es brillante y contrastada. Sin embargo, la dirección certera de actores talentosos se ve empañada por un protagonista que carece de expresividad.
El versátil documentalista Bendjelloul inicia su investigación cinematográfica en dos continentes, recolectando pruebas y testimonios sobre los fracasos y éxitos que ha encontrado en su camino. Esta trama se desarrolla utilizando un enfoque que recuerda al de un thriller.
Una película de ambiente rural, honesta y sin mayores pretensiones. (...) El director David Mackenzie, escocés, abandona los esquemas propios de Hollywood para describirnos asuntos escamosos de innegable trascendencia.