La película combina elementos de 'Mad Max' y '1997: rescate en Nueva York' de una manera surrealista y caótica. Sin embargo, no logra captar la atención, resultando en una experiencia poco satisfactoria.
Con un ritmo tan trepidante que no deja respiro. Cuando el espectador logre dominar la carcajada comprobará que, en el fondo, maldita la gracia que tiene el asunto. Una maravilla.
Sirvió para descubrir a un cineasta talentoso, dotado en el arte del diálogo y maestro en la creación de imágenes. Fusiona su esencia cómica con una visión crítica de su tiempo.
Una película amable y popular, una sencilla comedia rural que narra las aventuras de un granjero que se opone a vender su tierra a una inmobiliaria. Con una narrativa cautivadora, logra atrapar al espectador, todo ello filmado con una elegancia notable.
El imperio del telefilme se muestra en su máxima expresión. Lo que sigue, que exhibe feísmo y falta de sentido, se encuentra a la par con un inicio realmente impactante.
Un destacado ejemplo de los wésterns de Budd Boetticher, quien logró superar las limitaciones de su bajo presupuesto gracias a su excepcional habilidad para contar historias.
Agitada fantasía juvenil que se sitúa en un punto intermedio entre el terror y la acción, presentada con una notable destreza en sus efectos especiales.
Conserva el encanto de un look visual ya desaparecido y la eficacia de su elenco actoral. Derrocha cursilería en alguna secuencia, pero es un atractivo retrato del duro camino entre la adolescencia y la madurez.
La mejor adaptación para la pantalla de la obra de Stevenson alarde de imaginación estética y de experimentación formal que ofreció en esta obra maestra soterrado erotismo y una latente violencia al drama del científico de doble personalidad, que interpreta con fuego en la mirada Fredric March.