Un tanto irregular, pero desaforada, espasmódicamente entretenida. recibe al espectador con un cross al mentón y un desenfrenado combo cinematográfico que bombardea los sentidos.
La película presenta varios puntos débiles, como la redundancia, el maniqueísmo y, especialmente, la excesiva acumulación de situaciones dramáticas, que son más expresadas que realmente puestas en escena.
Cine europeo de calidad situado en un tercer mundo impreciso y reconocible, donde se busca educar sin dureza, apelando a la sensatez, las buenas intenciones y las moralejas.
Con inteligencia, Martínez evita la trampa de crear un simple catálogo de situaciones insólitas que probablemente haya vivido. Los elementos dramáticos son sutiles, pero muy efectivos.
Casi todo falla: la pareja no tiene química; ella parece llevarlo siempre a él por delante. El cinismo superficial se alterna con la emotividad manipuladora, sin provocar mayor efecto en ninguno de los casos, y se percibe un tufillo moralista.
Un producto más cercano al transitado cine europeo de qualité. (...) una comedia dramática prolija, emotiva, convencional, estereotipada, que alude, con humor y finalmente con solemnidad, a los abusos del comunismo en la ex Unión Soviética.
En su ópera prima, Minujín logra que disfrutemos y suframos con él, con sus monólogos estridentes e incendiarios, y su realidad más pasiva, entregada, filmada con notable talento.
Frenkel restó una parte de su esencia y puso el cine al servicio de Lavand, agregando una capa de ilusionismo que eleva aún más la magia del ilusionismo.
Un entretenimiento discreto, que se asemeja más a un cómic inquietante que a una superproducción ambiciosa. Su desenlace es predecible, con una moraleja y la clara intención de dar pie a una secuela.
Esta película se distingue por su enfoque único, el cual es complicado de clasificar en un género específico. Con un tono ligero, logra abordar una crisis significativa, evitando el maniqueísmo y los giros abruptos que suelen caracterizar a otras producciones.
En la primera parte, el filme logra captar la atención al introducir tensiones interesantes. Sin embargo, con el tiempo, se nota una carencia en el desarrollo de los personajes y, posteriormente, en la originalidad del guión.
Los numerosos guiños y las ingeniosas bromas que desafían la realidad, junto con la entrañable creación de personajes, destacan en la ópera prima de Alejandro Montiel. La trama es dual y ligera, pero se desdibuja hacia un desenlace que termina sintiéndose artificial.
Jay Roach desanda en su tramo final todo lo mordaz, irreverente y políticamente incorrecto que había mostrado hasta entonces. Lo hace de un modo deliberado y complaciente, como si en el último momento se hubiera arrepentido de sus transgresiones.