Anodina apuesta formal y una puesta en escena perezosa, combina elementos de una comedia romántica, aunque el humor que ofrece es insuficiente e ineficaz.
Chiche fundamenta su comedia en clichés anticuados sobre hombres y mujeres, acompañado de una presentación típica de 'sitcom'. La música de fondo intenta hacernos creer que lo que observamos es extremadamente divertido, pero no resulta convincente.
Un despliegue de estilización y seriedad se manifiesta en esta obra, la cual resulta más efectiva como una serie de poses y simetrías visuales que embellecen la violencia, en lugar de ofrecer un crudo retrato de la guerra entre rusos y ucranianos que pretende ser.
Richet demuestra habilidad al coreografiar escenas de acción y construir tensión antes de liberar la intensidad. Sin embargo, su ritmo implacable deja poco lugar para los matices.
Constantemente exige al espectador que tolere la absoluta falta de lógica y la incoherencia tonal y estética. Quien acepte el trato, en ningún momento sentirá el tiempo pasar.
La combinación es tan extraña como una tapa de chistorra con chocolate. Una historia que incluye soldados alienígenas y fusiles láser, junto a un James Franco exagerado, no debería ser tan tediosa.
Los constantes saltos temporales impiden que Schrader logre crear tensión dramática. De este modo, 'Oh, Canadá' se torna sombrío, no tanto por tratar el tema de la muerte, sino porque carece de vitalidad en su desarrollo.
Gradualmente, el melodrama va tomando el protagonismo. A pesar de esto, el impacto emocional de la película se mantiene intacto gracias a la destacada actuación de sus intérpretes.
Relata el caso de dos bebés intercambiados al nacer para abandonarse a sus instintos más sensibleros y cursis, es el tipo de película que empeora cada nueva vez que piensas en ella.
La trama nos sumerge en un intrigante torbellino de secretos y dudas. Lacuesta y Campos demuestran gran destreza al combinar los elementos del drama familiar y el thriller, creando un ambiente de suspense en cada gesto y cada mirada.
Una película decepcionante. Haneke presenta múltiples tramas que no se desarrollan ni se interconectan de manera efectiva, lo que da como resultado una obra que intenta ser ambigua pero se siente incompleta.
La película se desarrolla en un espacio incierto, donde lo que realmente destaca es la destreza del director para crear diálogos y relaciones auténticas entre los personajes, lo que hace que la experiencia sea moderadamente placentera.
La premisa ofrece oportunidades claras para explorar tanto la comedia como el drama. Sin embargo, a pesar de contar con algunos diálogos que impactan, estos potenciales no se concretan en la trama.
Es una obra que combina reflexiones sobre temas místicos y religiosos con un toque de comedia. A pesar de su carga de desesperación y oscuridad espiritual, irradia alegría y la contagia.
Encuentra en la modestia su gran baza y brinda una emotividad sutil, acentuada por una fotografía que revela la belleza de paisajes que, a simple vista, no resultan especialmente amables.