Un relato de 160 minutos donde los personajes intercambian diálogos que a veces resultan complejos de entender. En general, ‘MMXX’ sirve como una reflexión sobre la situación de la humanidad en Rumanía durante el año 2020.
Probablemente sea la película más cercana a la comedia de Olivier Assayas. Pese a ser una obra inconfundiblemente menor en la filmografía del director, ‘Hors du Temps’ deja clara su propia trascendencia a través de su título.
A pesar de contar con una premisa absurda y diálogos poco creíbles, el director Ariel Vromen logra inquietantemente mantener un tono serio en su ejecución.
La combinación es tan extraña como una tapa de chistorra con chocolate. Una historia que incluye soldados alienígenas y fusiles láser, junto a un James Franco exagerado, no debería ser tan tediosa.
Una intriga simple pero altamente efectiva avanza rápida, combinando momentos conmovedores con otros trufados de humor negro. Exuda una energía oscura y amenazante.
Intenta conmover a toda costa, pero su capacidad de impacto emocional se ve torpedeada tanto por la tosquedad de su sentimentalismo como por esos engorrosos 'flashbacks'.
Es impresionante en términos conceptuales y técnicos, pero su falta de contenido, así como su repetitividad, se hacen evidentes y restan valor a la experiencia.
La voluntad referencial y experimental nunca interfiere con el encantador sentido del humor de la película, manteniendo su ternura y calidez, así como su sutil y efectivo poder de seducción.
La película presenta otra narrativa que permite a Hansen-Love desarrollar un interesante juego metatextual, transformándose así en una profunda reflexión sobre los procesos detrás de la inspiración creativa.
Netflix logra que Orson Welles se agite en su descanso. Ver la obra completa es cansado. ¿Cuánto refleja realmente la visión de Welles? Probablemente muy poco.
Gran decepción. Ruizpalacios parece prestar más atención a los efectos visuales y a sus ingeniosas ideas que a desarrollar adecuadamente a la veintena de personajes. Los diálogos están repletos de aforismos que distraen en lugar de enriquecer la narrativa.
Los actores muestran destellos de verdadera energía cómica, pero el guión los arrastra hacia una serie interminable de disparos, persecuciones y diálogos absurdos que confunden tamaño y volumen con ingenio.
Chaumeil confía en el carisma de sus protagonistas, pero su química es tan poco convincente como la existencia del Ratoncito Pérez. Esto resulta en una serie de clichés que generan más incomodidad que admiración.
La película no consigue encontrar el balance entre sus objetivos de comedia romántica y sus esfuerzos aburridos por imitar las clásicas comedias de enredos de Howard Hawks, así como sus torpes números musicales.
Se esfuerza por adaptar la experiencia gay para complacer al público heterosexual. Su humor tiende a ser burlón hacia el colectivo LGTBI y su percepción de las relaciones no normativas es bastante limitada.
Anodina apuesta formal y una puesta en escena perezosa, combina elementos de una comedia romántica, aunque el humor que ofrece es insuficiente e ineficaz.
La película aborda un juego entre la comedia consciente de sí misma y el uso de clichés del género. Sin embargo, termina por simplificar las diferencias culturales que intenta criticar.
Un despliegue de estilización y seriedad se manifiesta en esta obra, la cual resulta más efectiva como una serie de poses y simetrías visuales que embellecen la violencia, en lugar de ofrecer un crudo retrato de la guerra entre rusos y ucranianos que pretende ser.