La historia es anodina y estereotipada, aunque se vuelve interesante cuando se contempla a los vaqueros con una mirada casi documental. Sin embargo, Staub opta por recurrir a clichés, lo que le resta originalidad.
Shults deja claras sus enormes ambiciones, tratando de abrumarnos con un maximalismo estilístico que en ningún momento llega a justificarse del todo. Es tan excesiva que resulta milagroso que no se desborde.
Se muestra ágil y ocurrente, hábil en encadenar golpes de efecto narrativos, aunque parece más interesada en exhibir progresismo y corrección que en reconocer a los adolescentes tal como son.
Permanece cómodamente instalada en la convención y la obviedad, como demuestran su abuso de los clichés y el didactismo de sus diálogos. Es, asimismo, una película empeñada en resultar agradable.
Muchos de los gags son francamente graciosos. Pero es una lástima que en ningún momento se nos dé la oportunidad de llegar a conocer al trío ni de comprender cómo se sienten mientras nos reímos a su costa.
Una película para niños muy amable que no subestima a su público. Es un 'blockbuster' adecuado y entretenido, especialmente diseñado para preadolescentes.
Monólogos pomposos sobre el amor, pero su incapacidad para generar emotividad se debe principalmente a que sus dos protagonistas juntos generan menos calor que una cerilla mojada.
Kechiche se deja llevar por el 'twerking', reforzando su reputación de sátiro en Cannes. Se presenta un festín de cuerpos femeninos que resulta cuestionable, no solo por su contexto pre-MeToo, sino porque parece carecer de finalización.
Resulta casi un alivio sentarse frente a una película tan formalmente inventiva, tan irreverente y tan graciosa, que a la vez tiene más capacidad conmovedora que la mayoría de ficciones de superhéroes de acción real.
Es una de esas reconstrucciones históricas previsibles y rutinarias en las que el empeño por dejar clara la ideología anula toda posibilidad, tanto de complejidad narrativa como de tensión dramática.
Un ejemplo del peor tipo de cine con ínfulas. No solo abusa del miserabilismo sino que estiliza sus momentos más trágicos para hacerlos bonitos, y en el proceso trata de compungirnos de las peores maneras.
Muestra una gran habilidad para construir tensión, lo que parecía un simple elogio a la nostalgia se transforma en una eficaz exploración de las áreas sombrías que comúnmente evitamos al recordar.
Apunta mensajes sobre la diversidad y la importancia de apreciar la belleza interior, pero prefiere acumular montajes sentimentales a ritmo de canciones pop.
Una de las películas más hermosas que retratan el paso de la niñez a la madurez. Haigh reafirma su habilidad excepcional para contar historias casi únicamente a través de silencios y miradas.
El director utiliza una serie de canciones para conducir la historia de 'Sing Street' hacia un destino predecible. Como resultado, el ritmo se vuelve algo repetitivo, aunque sigue siendo muy pegajoso.
Un drama juvenil particularmente sensible y perceptivo retratando las incertidumbres, los dolores, las euforias y el deseo ardiente asociados a la pubertad.
En lugar de centrar su trama en el canibalismo, 'Crudo' podría haber abordado temáticas como la anorexia o la drogadicción. Sin embargo, de haberse enfocado en esos temas, no habría sido tan impactante.
La película avanza en círculos, presentando una narrativa repetitiva que persigue ideas y emociones de manera muy obvia. No se exploran a fondo los personajes ni se ofrece contenido sustancioso que enriquezca la historia.