Es la primera película que dirige Jayro Bustamante, y no será la última, considerando lo bien que le ha salido: hermosa, atenta a los ritmos, los detalles y los ambientes.
Resulta intrépida. Senez no necesita recurrir a juicios de valor ni caer en sentimentalismos para capturar las complejas emociones que afectan a sus protagonistas.
Manejando con equilibrio el humor, la melancolía y la excentricidad, Rosemary Myers retrata los temores y dilemas que acompañan a la transición de la adolescencia.
Los personajes son monótonos y sus diálogos resultan torpes. Aunque logra establecer una atmósfera inquietante, esta se ve socavada por su falta de respeto hacia la lógica.
La película funciona ante todo como una sobria aunque poderosa reflexión sobre el sentido de poder y la necesidad de transgresión que el despertar sexual puede llevar a conllevar.
Anderson no deja de expandirse. Aquí perfecciona aún más su talento para la puesta en escena, creando una sinfonía íntima y a la vez majestuosa. Es un ejercicio de libertad creativa total.
Algo así como una variación de 'Drive' hecha al estilo de Russ Meyer, no presenta elementos realmente escandalosos. En su esencia, se trata de un cuento de hadas con tintes oscuros.
Un clásico instantáneo. Fincher se rinde a la maestría del guión. En términos de pirotecnia técnica, es la película más modesta que ha hecho. Quizá por eso mismo, tal vez sea la mejor.
El título que mejor amalgama el lenguaje cinematográfico con el de los videojuegos no se limita a sumergirnos en el mundo del juego, sino que lo recicla ofreciéndonos una perspectiva sincera y desarmante.
Se aleja del más oscuro miserabilismo gracias a su hilaridad y a un inquietante sentido visual, presentando un drama social contundente que resulta electrizantemente caótico.
No es ni la mitad de divertida o inteligente de lo que cree. Eso sí, a pesar de sus irritantes ínfulas cool, usa hábilmente la high school como microcosmos para diseccionar qué significa en la actualidad ser popular.
La película es tan insípida que hace que 'Querido John', otra decepcionante adaptación de Sparks, se sienta como 'Nueve semanas y media' en comparación.