Gareth Edwards explora el espíritu de 1977 con una propuesta que destaca en sus momentos más íntimos, ofrece un sólido comentario político y, sin embargo, decepciona al conformarse como un mero consuelo para los fanáticos.
No solo supera a la original en cada aspecto, sino que también se atreve a incorporar elementos distintivos. Sus habilidades son deslumbrantes; esto es, sin duda, el estándar de oro del cine de superhéroes.
Esta película intenta abarcar varios géneros a la vez. Su punto fuerte es la imaginería, que fluctúa entre lo kistch y lo sublime. Sin embargo, su mayor debilidad radica en el deseo de complacer a audiencias divergentes.
Es el blockbuster más vigoroso e imaginativo de la presente hornada, amén de la trasfusión de lenguaje entre videojuego y cine más exitosa desde la minusvalorada 'Speed Racer' (2008).
Adolece del mismo esquematismo argumental y de una ausencia casi total del factor sorpresa; solo su excesivo clímax y la perfecta simbiosis de Chris Evans con el icono que interpreta logran situarla ligeramente por encima de su predecesora.
'Transformers', con su estruendo y su intensidad, sus dinámicas y su fervor, presenta instantes de Cine Total más hermosos que muchas Victorias de Samotracia.
Una película contradictoria y poseedora de varios padres, puede que no sea la historia definitiva sobre Superman, pero logra reconfigurar el mito de Siegel y Shuster para una época en la que su presencia es nuevamente necesaria.
El resultado final está lejos de romper moldes, pero al menos demuestra poseer más alma que propuestas similares. A modo de propina, el epílogo es el más gratificante e imprevisible de la reciente hornada de neocuentos de hadas.
Una abrumadora montaña rusa en la que cada escena y cada línea de diálogo están diseñadas para ofrecer intensas dosis de placer para los aficionados. Es un impresionante blockbuster, y sin duda, la mejor película de Marvel hasta ahora.
La hiperexpresividad de sus imágenes resalta y logra cautivar incluso al espectador más exigente, quien también valorará un magnífico elenco de voces y la habilidad de la película para tocar nuestra memoria emocional.
Esta película supera lo que se había visto en una franquicia que, hasta ahora, mostraba más rutina que creatividad. Lo más destacable es su afán por el exceso digital y su inclinación hacia la autorreferencialidad. Sin embargo, el regreso de Michelle Rodriguez no resulta del todo acertado.
Una película sucia, incoherente y estrambótica. Es lo más cerca que un gran estudio estará de producir una serie Z directamente para DVD, y eso sucede en descampados de Rumanía.
La Europa del Siglo XVII se transforma en un ostentoso parque temático, donde el desmedido sentido del exceso se presenta como su mayor virtud y, a la vez, su principal debilidad.