Está destinada a ser incomprendida por el gran público, pero los amantes del cine de aventuras bruto sabrán valorarla como lo que es: un chute de adrenalina que se olvida de cualquier sofisticación y sólo busca saciar nuestra necesidad de diversión epidérmica.
Como compendio tridimensional de las virtudes del concepto Saw, la película hace bastante bien su trabajo. Sus fans abandonarán satisfechos este catártico baño de sangre final.
Este cuento detectivesco de psicosis y romance sucio nunca había tenido una fuerza tan huracanada. Lo mejor es la química salvaje entre sus dos protagonistas.
Una producción de MTV que posee la misma belleza infantil de un videoclip de Taylor Swift. Destaca su impresionante calidad técnica. Sin embargo, es decepcionante que un envoltorio tan atractivo oculte un contenido tan deplorable.
Un arranque prometedor da paso a una reveladora desilusión: el protagonista masculino ha recurrido nuevamente a la fórmula de la película de vacaciones, donde el elenco aparenta disfrutar mucho más que el propio espectador.
Pese a situarse muy lejos de 'Chronicle' en calado y sofisticación visual, estamos ante una divertida variante de ese esquema de adolescentes con poderes más allá de su alcance.
La vibrante sensación de urgencia que Howard y su operador imprimen a los diálogos no se refleja de la misma manera en las secuencias de conducción. A pesar de su potencial y el talento actoral, la película no logra consolidarse como el drama del año.
Es una serie dirigida a un público adulto, en el sentido más amplio de la expresión. El cielo es el límite en esta producción, siempre que se incluyan tres elementos: amor, muerte y robots. La selección de temas es muy adecuada.
Es posible que sea el blockbuster épico más extravagante del año. Sin embargo, también se presenta como uno de los más profundamente reaccionarios, al tiempo que se nota su enfoque mainstream y supuestamente espiritual.
El formalismo del cineasta alcanza cotas de majestuosidad sencillamente apabullantes en un trabajo que apela a la memoria cinéfila para reivindicar la inocencia en tiempo de guerra.
Aibar maneja material inflamable y no siempre cae de pie. Mejor rendirnos ante la arrolladora singularidad de una propuesta ensimismada y desconcertante, pero finalmente satisfactoria.
Para quien valora un buen cuento de fantasmas. Lo mejor: sus profundas raíces en el gótico clásico. Lo peor: demasiada rutina en algunas soluciones visuales.
Puede que Saul Dibb comprendiera las potencialidades subversivas de este romance con el enemigo, sin embargo, contaba con demasiadas miradas críticas (la BBC, los Weinstein, los lectores) que le impedían desviarse del academicismo.
Tim Burton parece haber asimilado a Margaret Keane y oculta su exuberancia visual tras un excelente libreto. Sin embargo, en el fondo, esto sigue siendo pura esencia burtoniana.
No hay espacio para la ironía en el universo de Daniels, aunque las diferentes estrellas que pueblan el Despacho Oval sí ofrecen un contrapunto cómico a una trama demasiado abigarrada.
Un blockbuster más interesado en la réplica ingeniosa que en las escenas explosivas. Es ligera como una burbuja de jabón y tan fascinante como un caleidoscopio.