En 'T2' se presentan potentes y poéticas imágenes que ilustran los estados alterados de la mente a través de la droga, algo que pocos directores han logrado con tal maestría. La película mantiene un ritmo narrativo trepidante, pero también se toma momentos para explorar el drama de estas cuatro vidas desperdiciadas.
Como en todas las películas de carretera, los personajes que inician el viaje no son los mismos que lo terminan, están transformados y con una relación diferente entre ellos, unos procesos que este relato propone de forma inteligente y llena de sensibilidad.
Una película ingeniosa en sus recursos argumentales y metafóricos, un relato tan estimulante como incómodo, que deja un buen sabor por el cine y un mal sabor por la vida.
La grandilocuencia de una historia que se explaya en el tiempo y la geografía se ve reducida por la elementalidad y reiteración con la que aplica un esquema narrativo predecible y con un héroe limitado en su comunicación.
Romántica historia de amor que deviene en un sorpresivo thriller. Una pareja decide quedarse con una niña que encuentra, pero este acto traerá graves consecuencias para ellos, aunque también una conmovedora visión del amor.
El relato logra equilibrar eficazmente la trama de acción de una película de gánsters con la ambigüedad moral de su protagonista, lo que añade mayor profundidad y matices a las situaciones y a las relaciones entre los personajes.
Una constante declaración de principios y reflexión frente a la vida y al acto creativo. Es decir, se trata de una permanente racionalización de estos aspectos, porque lo estimulante y sugerente como experiencia estética está en la puesta en escena.
No es el cine de Larraín que conocemos, y aun así mantuvo ese nivel en sus personajes, historia y temas. Creó una película original en su tratamiento y rica en recursos visuales, narrativos y poéticos.
Este relato no se aleja mucho de la probada fórmula. De manera que no hay gran inventiva ni especiales virtudes en la construcción del relato ni en la representación de este personaje y su mundo viniéndosele abajo. Hace justo lo que dicta el manual.
El problema es que este amor parece demasiado calculado por su guionista y director, lo que impide que realmente funcione. La historia se esfuerza demasiado en lograr que salgamos tristes y conmovidos del cine.
Esta película es la reivindicación de un hombre y la defensa de una clara premisa frente a lo que debe y no debe ser el arte, así como el último aliento de cine de uno de los directores más reconocidos y prolíficos de la historia.
Este biopic aborda ese período de manera desigual, mostrando una comprensión honesta del espíritu de esta mujer, aunque también evidencia la intención de aprovecharse de su historia sin escrúpulos.
Usar el ingenio y el humor resulta una forma efectiva y accesible de detallar cómo el vice y sus colaboradores manipularon la política interna y externa de Estados Unidos.
Resulta una película tremendamente predecible en sus recursos narrativos y dramatúrgicos: cada giro y cada situación están trazadas con aburridora claridad por esa agenda aleccionadora con que fue concebido todo el filme.
Es evidente cómo el director toma partido por la resistencia ciudadana y simplifica al cura como el malo de la película. Aun así, sigue siendo un relato bien logrado, entretenido e ingenioso, además de ser la prueba de que si el cine colombiano tiene un clasicismo cinematográfico.
La forma como su directora decide hacer el desenlace de los acontecimientos es bastante discutible, puede ser que hace unas concesiones para agradar a una parte del público, sin embargo, otra parte de este se podrá sentir defraudado.